05 de diciembre de 2025, 11:44 am
Hay decisiones que definen el tono de una campaña presidencial. La de Abelardo De La Espriella frente a la consulta de marzo es una de ellas: no participará, pero sí mantiene abierta la posibilidad de una encuesta rápida y auditada que permita unificar candidaturas antes de que Iván Cepeda quede solo en el partidor.
Para el líder de Defensores de la Patria esta conversación no se trata de cálculos políticos sino de coherencia con el mandato popular que representan las firmas. Aunque la ley exige cerca de 650.000 rúbricas, su campaña —según explicó— superó por amplísimo margen esa cifra.
El pasado 4 de diciembre registró su candidatura con 4.869.407, y lo más relevante: lo hicieron ciudadanos que pidieron los kits, llenaron planillas sin buses ni operadores, y las enviaron por correo. “No es un requisito legal; es un mensaje y la gente firmó sin prebendas, sin presiones”, dijo. Un símbolo del fervor popular que ha convertido su aspiración en un fenómeno que, en apenas cuatro meses, pasó al segundo lugar de varias mediciones.
Un rechazo firme a la consulta por coherencia
El candidato presidencial insiste en que no puede aceptar un mecanismo tradicional después de que millones de personas lo respaldaron precisamente por no ser parte del sistema político de siempre. Sería, en sus palabras, “traicionar a quienes confiaron en mí porque estoy por fuera de la casta política”.
Su postura no apunta a evitar la competencia, apunta a no entrar en un formato que considera obsoleto, costoso para el Estado y riesgoso políticamente.
El peligro es claro: dejar a Cepeda cinco meses solo como candidato único de la izquierda radical mientras el resto de aspirantes se desgasta en procedimientos internos. Es un error que —según recuerda— ya se cometió en elecciones anteriores y que no está dispuesto a repetir.
La alternativa: una encuesta rápida, pagada por los candidatos
Aunque descarta la consulta, no descarta la unidad. Su propuesta es concreta: realizar una, dos o tres encuestas auditadas, financiadas por los mismos candidatos, con resultados en cuestión de días.
Ese mecanismo, afirma Abelardo, evitaría el gasto público, reduciría la incertidumbre económica, impediría que candidatos sin opciones sigan dispersando el panorama, y permitiría llegar a enero con una decisión tomada. “Si de impulso se trata, que decida el pueblo”, añadió, insistiendo en que ningún cálculo personal debe imponerse sobre el interés de frenar el avance de la izquierda radical.
Un outsider que no quiere actuar como político tradicional
Durante la entrevista con Noticias Caracol, De La Espriella subrayó que su crecimiento no proviene de un partido ni de estructuras, sino de conectar con “el alma de la colombianidad” a través de principios y valores, no ideologías.
Por eso reitera que no puede someter a quienes firmaron por él a un mecanismo diseñado bajo la vieja lógica del poder. Es una cuestión de coherencia, disciplina y lealtad frente a quienes lo ven como un outsider que no negocia su autenticidad.
Un llamado a la responsabilidad colectiva
La conclusión es clara: no va a la consulta, pero sigue abierto a una encuesta rápida como vía para la unidad.
No es un portazo. Tampoco una ruptura. Es la reafirmación de que la prioridad, es impedir que Cepeda quede solo cinco meses, asegurar que la oposición no repita los errores de ciclos anteriores y honrar un mandato popular que no está dispuesto a desconocer.
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