Bloque anticorrupción: así plantea Abelardo de la Espriella ir por la plata que se roban

25 de enero de 2026.

Para el precandidato presidencial Abelardo De La Espriella uno de los ejes centrales de su propuesta de gobierno es la creación de un bloque anticorrupción con mando directo desde la Presidencia de la República, como una estructura operativa diseñada para perseguir el dinero, los bienes y las redes que se benefician del saqueo al Estado.

La idea de fondo: la corrupción como el mayor drenaje del Estado

La corrupción no es solo un problema ético o político, sino el principal agujero por el que se van los recursos públicos. Según su planteamiento, buena parte de las crisis del país —salud desfinanciada, déficit fiscal, precariedad en infraestructura— no se explica únicamente por falta de ingresos, sino por la pérdida sistemática de dinero en esquemas corruptos que nadie logra desarticular de manera efectiva.

Desde esa lectura, atacar la corrupción no es un gesto simbólico ni una promesa moralista: es una política económica y de seguridad institucional.

El candidato propone abandonar la lógica dispersa de mesas, comisiones y oficinas que no se hablan entre sí. En su lugar, plantea un bloque anticorrupción que funcione como una fuerza de tarea permanente, con responsabilidades claras y coordinación real entre entidades que hoy actúan de manera fragmentada.

La apuesta es simple en su diseño, pero ambiciosa en su ejecución: unir inteligencia financiera, inteligencia operativa, investigación penal, control fiscal y sanción disciplinaria bajo una sola estrategia.

¿Quiénes integrarían el bloque anticorrupción?

De acuerdo con lo expuesto en la entrevista, el bloque estaría conformado por:

  • La Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF), encargada de rastrear movimientos sospechosos de dinero y detectar enriquecimientos injustificados.
  • Inteligencia de la Policía Nacional, para labores operativas y de investigación en terreno.
  • Inteligencia del Ejército, especialmente cuando existan vínculos con economías criminales o estructuras armadas.
  • La Fiscalía General de la Nación, responsable de la judicialización penal.
  • La Procuraduría General, para sanciones disciplinarias contra funcionarios públicos.
  • La Contraloría General, enfocada en el control fiscal y la recuperación de recursos.

La lógica es cubrir todo el ciclo del delito: desde la detección del dinero hasta la sanción y la recuperación de bienes.

El presidente como jefe directo del bloque

De La Espriella sostiene que ese liderazgo político lo debe encabezar el Presidente de la República ya que es necesario para evitar que los procesos se diluyan, se frenen por presiones o terminen archivados.

Su argumento es que, cuando nadie manda, nadie responde. Con el presidente al frente, cada entidad tendría tareas concretas y plazos definidos, y el país podría exigir resultados verificables.

El eje operativo del bloque sería atacar el patrimonio de los corruptos. El líder de Defensores de la Patria insiste en que las condenas tardías o las sanciones simbólicas no disuaden a nadie si los bienes permanecen intactos.

Por eso propone una extinción de dominio acelerada, orientada no solo a los funcionarios corruptos, sino también a testaferros y entornos familiares que se benefician del delito. La idea es romper el incentivo económico: que robarle al Estado deje de ser rentable.

Tecnología, trazabilidad y cooperación

Otro componente clave es el uso intensivo de tecnología para cruzar información financiera, patrimonial y contractual. En la medida en que el dinero corrupto suele moverse fuera del país, el bloque también contemplaría cooperación internacional para rastrear activos y cerrar rutas de fuga de capitales.

El enfoque es pragmático: seguir el rastro del dinero, sin importar dónde termine.

La propuesta del bloque anticorrupción se diferencia, en el discurso del candidato, de los anuncios tradicionales porque se ofrece como una estructura con métricas claras: bienes recuperados, redes desmanteladas, tiempos de investigación reducidos y sanciones efectivas.

El reto, naturalmente, no está en el diseño, sino en la ejecución. Un bloque de esta naturaleza solo se validaría con hechos: resultados visibles y una actuación que demuestre que la lucha contra la corrupción no depende del discurso, sino de la determinación política de hacer lo que muchos prometen y pocos se atreven a ejecutar.

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