30 de enero de 2026.
El aumento del ingreso y del salario, ante este controversial tema el candidato presidencial Abelardo De La Espriella parte de una premisa clara y poco frecuente en el debate político actual: subir los ingresos es una prioridad, pero hacerlo mal puede terminar perjudicando justamente a quienes se pretende beneficiar.
Lejos de las promesas grandilocuentes, De La Espriella planteó una visión que busca equilibrio entre justicia social y estabilidad macroeconómica, insistiendo en que el crecimiento del ingreso debe ser real, sostenible y responsable.
El ingreso como factor de calidad de vida
Para el candidato, no hay discusión posible sobre la importancia de que los colombianos ganen más. Un mayor ingreso se traduce directamente en mejor calidad de vida, más consumo, mayor ahorro y mayor dignidad para las familias. Negar esa realidad —afirma— sería desconocer las necesidades cotidianas de millones de trabajadores.
Sin embargo, advierte que el aumento del salario no puede entenderse como un acto aislado ni como una decisión puramente política. Subir ingresos sin respaldo económico real termina generando inflación, pérdida del poder adquisitivo y, paradójicamente, más pobreza.
Uno de los puntos centrales de su planteamiento es que para que los salarios suban de forma sostenida, la economía debe crecer de manera fuerte y continua. Sin crecimiento, cualquier incremento salarial artificial se convierte en un problema macroeconómico que golpea el empleo y encarece el costo de vida.
En ese sentido, De La Espriella insiste en que el debate no debe centrarse únicamente en “cuánto” se sube el salario, sino en cómo se crea el entorno económico que permite que ese aumento sea real y duradero. La prioridad, según su visión, es reactivar la economía, fortalecer el aparato productivo y generar empleo formal.
El riesgo del populismo salarial
Uno de los conceptos más llamativos de la entrevista que sostuvo con la Revista Semana fue su advertencia contra lo que denomina la “borrachera populista”. Subir salarios sin sustento técnico puede generar una sensación momentánea de alivio, pero deja un “guayabo” económico que termina pagando la ciudadanía con inflación, desempleo o pérdida de competitividad.
Para De La Espriella, el populismo salarial utiliza el ingreso como herramienta electoral, no como política pública sería. El resultado suele ser un deterioro del entorno económico que anula cualquier beneficio inicial del aumento.
Como alternativa, el candidato propuso un cambio estructural en la forma como se define el salario mínimo en Colombia. En su criterio, el salario mínimo debería ser fijado por el Banco de la República, alejándolo del vaivén político y de las presiones populistas.
La idea no busca deshumanizar la política salarial, sino darle un sustento técnico, basado en variables como productividad, inflación, crecimiento económico y sostenibilidad fiscal. De esta manera, el aumento del salario estaría alineado con la realidad económica del país y no con intereses coyunturales.
La propuesta expuesta en Semana refleja una visión de largo plazo sobre el ingreso de los colombianos. No se trata de anuncios espectaculares ni de cifras infladas, sino de construir una economía sólida que permita que el salario crezca de forma natural, estable y progresiva.
En síntesis, Abelardo De La Espriella plantea que el verdadero aumento del ingreso no se decreta: se construye. Y se construye con crecimiento, disciplina económica y decisiones técnicas que pongan por encima el bienestar real de las familias colombianas, no el aplauso fácil del momento.
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