Noviembre 26, 2025. 02:51 p.m.
Frente a las críticas recurrentes sobre su trayectoria profesional, Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder del movimiento Defensores de la Patria, ha salido al paso para defender con argumentos jurídicos e históricos la esencia de la abogacía.
Recurriendo a figuras de talla mundial, sostiene que la defensa legal, incluso de causas impopulares, es un pilar del Estado de derecho y no una complicidad con el delito. En un tono serio y reflexivo, Abelardo comenzó por sentar un principio fundamental: “La profesión de abogado es una profesión liberal que está amparada por la ley y los tratados internacionales. Cuando tú recibes a una persona, esa persona no es culpable hasta tanto un juez lo decida”. Para él, la figura del defensor es lo que reviste de legalidad un proceso judicial, transformándolo de un potencial “linchamiento sin fórmula de juicio” en un debate reglado y justo.
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La ética profesional y los precedentes históricos
Abelardo se defendió de lo que califica como una campaña de desprestigio centrada en su trabajo, aclarando que nunca ejerció como “abogado traqueto” por simple inclinación personal, ya que “ese gremio nunca me gustó”.
En cambio, destacó su labor en casos que generaron importantes avances legales para la sociedad colombiana como la defensa de Natalia Ponce de León, que derivó en la ley que tipifica como delito autónomo los ataques con agentes químicos, y el caso de Roselvira Celi, que contribuyó a la creación de la ley del feminicidio.
Para darle un marco de mayor peso a su defensa, el precandidato citó dos ejemplos históricos contundentes. Recordó que John Adams, el segundo presidente de los Estados Unidos y uno de sus Padres Fundadores, “defendió a unos soldados británicos que cometieron la masacre de Boston”. Adams, explicó, entendió que el rol del abogado es distinto al de cómplice, y que defender una causa impopular no mancilla la honorabilidad de quien lo hace, sino que refuerza el sistema de justicia.
Más cerca, mencionó el caso del caudillo colombiano Jorge Eliécer Gaitán, quien “defiende a un capitán del ejército” acusado de matar a un periodista y logra su absolución argumentando la defensa del honor militar. “Entonces, a mí me van a señalar por haber trabajado como abogado cuando yo me eduqué para eso, cuando he sido un auxiliar de la justicia”, cuestionó Abelardo.
Un llamado a la razón y a la acción
Abelardo De La Espriella hizo hincapié en que, en sus 22 años de ejercicio profesional, nunca recibió una sanción penal ni disciplinaria, lo que a su juicio demuestra que actuó siempre dentro del marco de la ley y la ética.
Citando al jurista Francesco Carrara, reflexionó: “Todo hombre honorable podrá pensar que en su vida jamás cometerá un delito, pero hay de aquel tonto que piense que nunca en su vida será investigado”. Añadió su propia convicción: “No solamente se hace justicia cuando se condena al culpable, se hace justicia en mayor medida cuando se absuelve al inocente”.
El precandidato argumenta que en un país serio, su trayectoria profesional no sería objeto de debate, sino un ejemplo de la correcta aplicación de los principios del derecho. Su mensaje final es una invitación a elevar el nivel del debate político, centrándose en las propuestas y no en lo que considera ataques infundados a una profesión esencial.
Por ello, Abelardo De La Espriella hace un llamado a los colombianos que valoran la justicia, el Estado de derecho y la defensa de las instituciones. “Invitamos a todos los que creen en la importancia de un debate serio y fundamentado a unirse a Defensores de la Patria.