Abelardo De La Espriella y su propuesta por transformar el campo colombiano: la revolución de la abundancia

4 de marzo de 2026. 02:10 p.m. En un discurso reciente el candidato a la presidencia de la República, Abelardo De La Espriella, habló sobre la “revolución agraria que será la revolución de la abundancia”, un eje fundamental para el desarrollo del campo colombiano que busca combinar producción, paz y progreso social. 

En su intervención, el líder del movimiento ciudadano Defensores de la Patria, señaló que la transformación del campo debe ser tan importante como la industrialización o el crecimiento de la ‘Patria Milagro’, subrayando que la revolución agraria será un motor de abundancia en Colombia. Esta visión pone al campo como una pieza clave no sólo en términos de producción de alimentos, sino como una base para la paz y la estabilidad social.

Históricamente, Colombia ha experimentado largas discusiones sobre políticas agrarias y la necesidad de atender las desigualdades rurales. La concentración de la tierra ha sido una de las raíces del conflicto interno y de los retrasos en el desarrollo rural. Las reformas agrarias del pasado intentaron redistribuir tierras para corregir injusticias estructurales y apoyar al campesinado productivo, pero sin una transformación profunda de las relaciones de poder y el acceso a recursos productivos.

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De la “reforma agraria” a la “revolución de la abundancia” del Tigre

La propuesta del candidato De La Espriella no se limita a entregar tierras. Es una “revolución de la abundancia”, enfatizando que el campo debe germinar libre de violencia, con incentivos y apoyo estatal para ampliar la frontera agrícola y consolidar a Colombia como la despensa del mundo. Esto implica programas robustos de financiamiento, políticas de fomento público con tasas razonables, plazos competitivos y respaldo del Estado para productores rurales.

A diferencia de algunas reformas, la revolución agraria que plantea el candidato Abelardo de La Espriella busca integrar ciencia, educación, emprendimiento y tecnología como pilares productivos. Por ejemplo, De La Espriella menciona la recuperación del SENA, una entidad clave en formación técnica y empresarial que fortalece las competencias rurales y brinda herramientas para que los campesinos puedan competir y organizarse en mercados modernos.

Educación, ciencia, financiamiento y modernización

Una parte importante del plan es el refuerzo del SENA, cuya misión sería garantizar educación y emprendimiento en las zonas rurales. La propuesta menciona que se ha “acabado” el SENA, refiriéndose a una percepción de debilitamiento institucional, y que debe recuperarse para impulsar a los productores rurales con herramientas de formación, innovación y desarrollo tecnológico.

Además, el candidato plantea la creación de programas de financiamiento público con tasas y condiciones competitivas, así como un uso de bases científicas para competir en mercados internos y externos. Esto apunta a una modernización integral del sector agrícola, donde la investigación, el desarrollo tecnológico y la capacitación técnica se conviertan en pilares para elevar la productividad y la calidad de los productos colombianos.

La “revolución de la abundancia” proyecta una visión ambiciosa de Colombia como potencia agrícola. Más allá del reparto de tierras, propone una estrategia integral que combina apoyo estatal, educación, ciencia, financiamiento y organización productiva para transformar el campo como motor de desarrollo económico, social y de paz. En este contexto, la propuesta busca devolverle al campo colombiano su lugar central en la economía nacional, respaldado por una política pública sólida que reconozca al campesino como actor clave en el presente y futuro productivo del país. 

Un campo orgulloso de su vocación campesina

El discurso también apela al orgullo nacional: Colombia tendría vocación campesina y potencial agropecuario para convertirse en potencia agrícola. La idea es que, con un ordenamiento productivo y apoyo técnico, educativo y científico, las regiones rurales puedan generar alimentos de calidad y competir globalmente. Esto reflejaría la importancia histórica de la agricultura en la economía colombiana y el reconocimiento de que un campo productivo puede contribuir al desarrollo sostenible, la creación de empleo rural y la seguridad alimentaria.

No obstante, esta visión enfrenta retos históricos conocidos: la desigual distribución de la tierra, la debilidad en infraestructura rural, los obstáculos para exportar productos agrícolas y la persistencia de patrones de concentración de la propiedad. Superar estas barreras requiere no solo políticas de acceso a tierra y créditos, sino también desarrollo de infraestructura y mecanismos institucionales eficaces para integrar al campo en cadenas globales de valor.

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