07 de febrero de 2026.
Desde el inicio de su candidatura, Abelardo De La Espriella ha sido objeto de todo tipo de comentarios, descalificaciones y pronósticos fallidos. Le dijeron que era una “payasada”, que solo tenía redes, que no llenaba plazas, que no resistiría el paso del tiempo. Se equivocaron en cada etapa.
Hoy, a seis meses del lanzamiento de su proyecto presidencial, la realidad política muestra un panorama muy distinto: una candidatura sólida, con respaldo ciudadano creciente, presencia territorial y una meta clara que no se negocia ni se diluye en el ruido.
El propio De La Espriella lo resume con claridad y es que cada fase de su campaña fue acompañada por una nueva narrativa de escepticismo que terminó desmentida por los hechos. Primero minimizaron el lanzamiento. Luego subestimaron el crecimiento. Más tarde, cuando comenzaron a llenarse escenarios en todo el país, aceptaron que “la cosa era seria”.
El punto de quiebre llegó con el evento del Movistar Arena, donde más de 16.000 personas asistieron y miles quedaron por fuera. Sin buses, sin maquinaria política tradicional, sin clientelismo. Solo ciudadanos movilizados por convicción. A partir de ese momento, el discurso cambió: ya no era si llegaría, sino hasta dónde llegaría.
El ruido no marca el rumbo
Hoy, ante el avance sostenido de su candidatura, los comentarios mutan nuevamente. Algunos dicen que “llegó a su techo”. Otros intentan instalar la idea de que no crecerá más. Para De La Espriella, ese debate es irrelevante.
Su mensaje es directo: no gobiernan los comentarios, gobierna el propósito. No mira a la izquierda ni a la derecha, no se distrae con ataques ni con elogios, no ajusta su discurso según la tendencia del día. Avanza con la determinación de quien tiene una meta definida y un diagnóstico claro del país que recibe.
Una meta clara: llegar a la Presidencia para salvar y reconstruir
A diferencia de candidaturas que reaccionan a la coyuntura, la de Abelardo De La Espriella se estructura alrededor de un objetivo concreto: llegar a la Presidencia de la República para salvar y reconstruir Colombia.
Salvarla del deterioro institucional, de la inseguridad, del avance del crimen organizado y del desgobierno. Reconstruirla desde la autoridad del Estado, la seguridad jurídica, la confianza inversionista y la recuperación de la economía productiva.
Este enfoque explica por qué su campaña no gira alrededor del comentario pasajero ni del titular momentáneo, sino de una hoja de ruta que se repite con coherencia en cada plaza, en cada entrevista y en cada región.
Mientras otros candidatos se desgastan respondiendo ataques o tratando de corregir percepciones, De La Espriella mantiene una disciplina férrea, recorrer el país, consolidar estructura, hablarle directamente a la gente y sostener un mensaje sin ambigüedades.
Que digan lo que quieran. El ruido no detiene una campaña que crece ni desvía a un candidato que tiene claro su destino. En un escenario político saturado de distracciones, Abelardo De La Espriella se mantiene enfocado en lo esencial: llegar a la Presidencia de Colombia para rescatarla del caos y ponerla de nuevo en pie.
La historia reciente de su campaña demuestra una sola cosa: no se distrae, no se frena y no retrocede. Avanza.
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