Colombia ha sufrido por líderes que creen que la ley es un obstáculo. Algunos la torcieron, otros la ignoraron. Pocos la han defendido.
En medio de esa crisis de legalidad, Abelardo De La Espriella emerge como el candidato que devuelve al derecho su lugar en la República: el centro moral, el límite del poder y la garantía del ciudadano.
La ley no se improvisa
A diferencia de quienes proponen refundar el Estado con constituyentes y decretos sin sustento, De La Espriella sostiene que el país no necesita más normas: necesita que las que existen se cumplan. “La Constitución del 91 no es el problema; el problema son los que la violan cada día”.
Su visión es de orden y legalidad: un presidente que gobierne dentro del marco de la ley, no por encima de ella. Y esa diferencia, tan obvia como trascendental, es lo que separa la República de la tiranía.
El líder de Defensores de la Patria no busca cambiar las reglas, sino hacerlas respetar. Propone fortalecer la Fuerza Pública con presupuesto y respaldo político, pero bajo el control civil y la Constitución. Defiende un Estado que sea autoridad, no amenaza; firmeza sin arbitrariedad, disciplina sin abuso.
Esa visión jurídica tiene un correlato económico claro. En su plan, la estabilidad institucional es condición para el progreso. Mientras los gobiernos populistas asfixian con impuestos para cubrir sus excesos, De La Espriella plantea reducir el gasto público, recortar el tamaño del Estado en un 40 % y eliminar tributos como el 4×1000 y el impuesto a la gasolina.
El mensaje es técnico y ético a la vez: no puede haber justicia social sin responsabilidad fiscal. Cada peso malgastado en clientelismo es un peso robado a la educación, la salud y la seguridad.
Un presidente que no se cree rey
La defensa del Estado de Derecho no es un discurso: es una postura de vida. El precandidato presidencial ha hecho de la ley su oficio, su trinchera y su vocación. Su carrera jurídica lo ha enfrentado a la corrupción, a la arbitrariedad y al abuso de poder. Por eso promete gobernar con el mismo rigor con el que ha litigado: con carácter, con honor y dentro de la norma.
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