En su más reciente conversación en The Corner TV – Entrevistas con El Tigre, el precandidato presidencial Abelardo De la Espriella volvió a demostrar por qué ha sido un protagonista clave en la vida pública del país. Ante quienes intentan reducir su carrera al título de “abogado de los malos”, respondió con hechos, con historia y con leyes que cambiaron la realidad de Colombia.
De la Espriella recordó el caso de Natalia Ponce de León, víctima de un ataque con ácido que estremeció al país en 2014. Su defensa fue decisiva para que se aprobara la Ley 1773 de 2016, conocida como Ley Natalia Ponce, que tipificó el ataque con ácido como un delito autónomo con penas de hasta 50 años de prisión. Antes, estas agresiones se trataban como simples lesiones personales y podían dejar en libertad al agresor en cuestión de meses.
También evocó el proceso de Rosa Elvira Cely, brutalmente asesinada en el Parque Nacional de Bogotá en 2012. A partir de ese crimen y de la presión social y jurídica que acompañó el caso, se aprobó la Ley 1761 de 2015, llamada Ley Rosa Elvira Cely, que tipificó el feminicidio como delito autónomo en Colombia, con sanciones que van hasta los 50 años de cárcel.
Su mensaje fue claro y directo: “Creo que he defendido a más ángeles que a diablos”.
No se trata de un simple recuerdo, sino de una demostración concreta de que la justicia colombiana se transformó a partir de luchas libradas en los estrados por De La Espriella. Dos leyes históricas que protegen hoy a miles de mujeres en Colombia.
En tiempos donde abunda la demagogia, este recuento marca una diferencia sustancial: mientras otros prometen, Abelardo muestra resultados. Su hoja de vida no está construida sobre discursos vacíos, sino sobre precedentes legales que salvaron vidas y dignificaron a las víctimas.
El líder del movimiento Defensores de la Patría, responde con argumentos y hechos: no para dividir, sino para recordar que el liderazgo verdadero se ejerce con integridad, resultados y visión de país.
Con este mensaje, Abelardo De la Espriella se reafirma como un candidato que no necesita inventarse un relato: su propia historia profesional ya es testimonio de que está del lado correcto, del lado de Colombia.