Venezuela debe transitar a la democracia para que la relación con Colombia fluya

13 de febrero de 2026.

La relación entre Colombia y Venezuela ha sido, a lo largo de décadas, una de las más determinantes en la agenda exterior de Bogotá. Más allá de la cercanía geográfica, los lazos económicos, culturales y familiares han tejido una historia compartida que hoy está fracturada por la crisis política en el país vecino.

En entrevista reciente con Azteca Noticias, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella expuso con claridad cuál debe ser el punto de partida para reconstruir esa relación: una transición real hacia la democracia en Venezuela.

El problema no es la frontera, es el régimen

Desde la óptica del candidato, el principal obstáculo para que Colombia y Venezuela retomen una relación fluida no es geográfico ni comercial. Es político. El actual gobierno de Caracas —en su visión— carece de legitimidad democrática y está encabezado por una élite que ha vaciado la producción, la inversión y la libertad económica en Venezuela.

“La mejor reforma tributaria para Colombia sería que Venezuela haga tránsito total a la democracia”, afirmó tajantemente durante la entrevista. No lo dijo en términos retóricos, sino como síntesis de una estrategia bilateral: sin un gobierno legítimo en Venezuela, no puede existir una cooperación efectiva, justa y sostenible entre las dos naciones.

No es una exageración afirmar que la crisis en Venezuela ha tenido efectos directos sobre la economía y la seguridad colombianas. La contracción productiva en el vecino país ha generado flujos migratorios masivos, presiones sobre servicios públicos, aumento del contrabando y tensiones sociales en zonas fronterizas.

De La Espriella fue más allá y apuntó que mientras Venezuela no produzca bienes ni servicios, Colombia terminará siendo su proveedor de facto en todos los rubros. Esa dinámica no solo es costosa, sino insostenible desde cualquier perspectiva económica.

Quién debe estar en Miraflores

El candidato dejó clara su posición sobre quiénes no deben ser interlocutores de Colombia. Según él, no es fácil interactuar con representantes del régimen actual, ni con quienes han sido parte de la estructura que profundizó la crisis venezolana.

“Prefiero que Venezuela haga tránsito a la democracia antes que negociar con quienes no representan a su pueblo”, señaló, y agregó una idea que sintetiza su enfoque: si debe haber una relación bilateral, esta debe construirse con líderes que respeten la legalidad, la libertad y los derechos individuales.

Eso fue lo que lo llevó a mencionar a María Corina Machado como un ejemplo de liderazgo que podría facilitar ese tránsito democrático y abrir la puerta a una cooperación sería entre Colombia y Venezuela.

La tesis de De La Espriella no es una postura ideológica rígida ni un rechazo per se a Venezuela como nación. Es una apuesta por la democracia como condición necesaria de cualquier relación internacional sólida.

En su visión, dos países vecinos pueden ser aliados estratégicos solo cuando comparten principios mínimos de legitimidad popular, respeto por la ley y reconocimiento de los derechos humanos.

¿Qué significa una transición democrática?

No se trata de imposiciones externas ni de intervenciones arbitrarias. La transición a la democracia, en la propuesta de De La Espriella, significa un proceso en el que:

  • El pueblo venezolano recupere el derecho a elegir a sus gobernantes en condiciones libres y transparentes.
  • El sistema de pesos y contrapesos se restablezca para limitar la concentración de poder.
  • Se garantice la libertad de expresión, prensa y asociación.
  • Se promueva la inversión y la producción nacional como motores de crecimiento económico.

En otras palabras, la democracia no es un trámite político, es una condición estructural para que una relación bilateral funcione de manera equitativa.

“La reintegración de Venezuela en un sistema democrático sería la oportunidad de oro para consolidar redes comerciales, una cooperación en seguridad y la recuperación de mercados que hoy están fragmentados”, señaló.

Desde esa perspectiva, Venezuela necesita transitar a la democracia no solo por su propio bien, sino también para que la relación con Colombia —dos naciones hermanas por historia y destino— pueda ser estable, productiva y justa.

Colombia no solo quiere vecinos; quiere aliados con quienes construir futuro. 

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