03 de febrero de 2026.
La política en Colombia ha entrado en una fase donde las propuestas técnicas ya no son suficientes para sanar las heridas de la sociedad. Bajo el liderazgo de Abelardo De La Espriella surge una visión que trasciende lo electoral: el convencimiento de que el país requiere un liderazgo con propósito, inspirado en principios inmutables para recuperar su sitial de grandeza. El candidato ha manifestado con claridad que no se considera un político tradicional, sino un instrumento de la voluntad de Dios llamado a cambiar el rumbo de Colombia de manera definitiva, enfrentando con determinación la oscuridad y el caos que hoy amenazan el futuro nacional.
La soberanía divina sobre la ambición política
Para Abelardo De La Espriella, su llegada a la contienda presidencial no es producto de una búsqueda de poder, sino de una “diosidencia” y una respuesta a la soberanía de Dios. Durante años, el líder de los Defensores de la Patria intentó mantenerse al margen de la política activa, pidiendo incluso ser apartado de ese camino; sin embargo, los hechos y su propia transformación espiritual lo llevaron a aceptar esta responsabilidad como un mandato ineludible. De La Espriella sostiene que Dios tiene planes de prosperidad, paz y luz para Colombia, y que su rol es ser el medio para materializar esa promesa.
Esta convicción nace de un proceso personal profundo. Abelardo ha compartido que, aunque siempre fue un hombre de razón, una tragedia familiar lo llevó a encontrar en la fe la “razón de lo inexplicable”. Desde entonces, su vida ha sido guiada por la sabiduría que proviene de Dios y no solo por la inteligencia humana. Esta paz interior es la que le permite enfrentar los ataques de sus opositores con tranquilidad, confiando en que, al entregar el “timón del barco” a un poder superior, la nación llegará inevitablemente a un puerto seguro de orden y justicia.
Al aceptar este rol, el candidato asume la responsabilidad de ser el canal para que la promesa de una “buena tierra” se haga realidad para todos los colombianos. En su narrativa, Colombia es una Patria Milagro, bendecida con recursos inagotables y una gente cuya fuerza interna debe ser el motor de un cambio profundo. Ser un instrumento de transformación implica, por tanto, actuar con la honestidad y rectitud necesarias para que el país deje de estar condenado a la oscuridad y empiece a rugir con su gloria inmarcesible
Para lograr un cambio definitivo en la estructura del país, el candidato propone retomar la moral cristiana como el código ético y moral determinante para recuperar la nación. Este enfoque no se limita a lo espiritual, sino que se traduce en una extrema coherencia administrativa que prioriza la verdad como la puerta de entrada a todas las virtudes sociales. De La Espriella sostiene que, al seguir estos principios de conducta, es posible construir un entorno de convivencia y bienestar donde la justicia sea el pilar fundamental.
Este marco moral es la base de la revolución de la abundancia, un ejercicio colectivo donde se deja de lado lo que no sirve y se perfecciona lo que sí funciona. Como instrumento de este cambio, De La Espriella busca que el pueblo colombiano deje de ser dependiente para convertirse en una nación de emprendedores e independientes. La meta es que cada ciudadano, desde el campo hasta la tecnología, pueda cumplir sus sueños con el fruto de un trabajo digno, justo y seguro, bajo el amparo de un Estado que respeta la libertad y la propiedad
La fuerza de los Defensores de la Patria
El respaldo de la comunidad cristiana es visto por Abelardo De La Espriella como un bálsamo y una garantía de integridad en el manejo de lo público. Él reconoce que donde hay un buen cristiano, hay un manejo directo de los recursos, algo vital para erradicar la corrupción que ha frenado el crecimiento nacional. El candidato no solo busca el apoyo de esta comunidad para ganar las elecciones, sino para que sean parte de la defensa espiritual de una presidencia decidida a cambiar la historia de Colombia.
Estamos en una recta final con la convicción de que Dios conoce su corazón y su deseo de lo mejor para la nación, Abelardo De La Espriella avanza hacia una victoria que, asegura, será el comienzo de una nueva época de luz para todo el territorio nacional
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