Desde Bucaramanga, Abelardo De La Espriella reconoció los riesgos de su candidatura y reafirmó que, pese a las amenazas, el amor por la patria pesa más que cualquier temor.
“En esta campaña todos los candidatos tenemos un gran riesgo por nuestras vidas. Ya mataron a Miguel Uribe, pero cuando uno ama a la patria, no se esconde: da la cara”.
Sus palabras no fueron dramatismo electoral, sino una advertencia sobre el clima político que atraviesa Colombia. Pero también fueron una declaración de propósito: el valor, dijo, no es ausencia de miedo, sino la decisión de hacer lo correcto a pesar de él.
El coraje como principio político
En un país donde muchos líderes optan por el silencio o el cálculo, De La Espriella eligió la frontalidad como forma de servicio público.
“Si el precio de salvar a Colombia es arriesgar mi vida, lo pago con gusto. La patria vale más que mi tranquilidad”.
En lugar de victimizarse, la convirtió en un símbolo de compromiso cívico. Para él, gobernar exige más que conocimiento técnico: exige coraje moral.
Una campaña sin miedo ni dueños
Abelardo reiteró que su candidatura no está respaldada por élites ni grupos económicos.
“Financio mi campaña, no tengo dueños ni padrinos”
Esa independencia, dijo, lo hace incómodo para el establecimiento, pero también le da libertad para hablar sin filtros.
“Yo soy el Tigre que no se deja domesticar. No vengo a representar intereses, vengo a representar al pueblo colombiano”.
El riesgo no lo disuade; lo reafirma. En cada acto público insiste en que la lucha por la seguridad, la justicia y el orden implica enfrentar poderes que preferirían mantener al país en el caos.
Entre la amenaza y la esperanza
El líder de Defensores de la Patria fue claro: la violencia política no es solo un riesgo personal, sino una amenaza colectiva.
“Cada colombiano que se atreve a pensar distinto corre peligro”, afirmó. “Pero si todos callamos por miedo, terminaremos entregando el país”.
Su mensaje resonó en una región que conoce el valor del sacrificio. En Santander —tierra de Manuela Beltrán y Policarpa Salavarrieta— hablar de valentía no es retórica: es herencia.
Para De La Espriella, el valor no es solo una virtud personal, sino una política de Estado. Un país con miedo —dice— no puede prosperar. Por eso su promesa es gobernar con carácter, respaldar a la fuerza pública y enfrentar a los criminales con decisión.
“El miedo destruye naciones; el coraje las reconstruye. Yo no tengo miedo porque mi causa es la patria”.
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