Programas, protección y respeto: el plan para devolverles el poder los campesinos

11 de febrero de 2026.

Colombia no se levanta desde los escritorios. Se levanta desde el campo. Esa es la convicción que planteó el candidato presidencial Abelardo De La Espriella al referirse al papel estratégico de los agricultores, ganaderos y productores rurales en el futuro del país.

Al campesino no le ha ido bien por ayuda estatal, le ha ido bien pese al Estado. Y eso, asegura, tiene que cambiar.

Durante años, los productores rurales han enfrentado impuestos asfixiantes, vías intransitables, inseguridad y falta de crédito accesible. “El Estado no puede seguir siendo una mula atravesada en el camino”, afirmó.

La propuesta de Abelardo parte de una transformación de enfoque: el Estado no como obstáculo, sino como aliado estratégico. Esto implica programas de financiación reales, acceso a crédito competitivo, respaldo técnico y una política pública orientada a fortalecer la producción nacional.

La prioridad, explicó, será cafeteros, cacaoteros, fruticultores, ganaderos y pequeños productores que sostienen la seguridad alimentaria del país.

Infraestructura para producir y competir

No hay protección efectiva sin logística. Por eso, el plan incluye el desarrollo de vías terciarias que permitan a los campesinos sacar sus productos sin que el transporte se coma su margen de ganancia.

También vuelve a poner sobre la mesa la navegabilidad del río Magdalena como eje estructural para abaratar costos y conectar regiones productivas con mercados nacionales e internacionales.

De La Espriella insistió en que ningún programa rural tendrá éxito si no se resuelve primero el problema de la seguridad.

Extorsión, presencia de grupos armados y control ilegal del territorio han sido barreras estructurales para el desarrollo agrario. “De la seguridad deviene absolutamente todo”, sostuvo.

El futuro está en el campo

La visión que plantea no es asistencialista. No se trata de subsidios permanentes, sino de generar condiciones para que el campesino produzca más, gane más y exporte más.

Colombia tiene tierra fértil, diversidad climática y capacidad productiva. Lo que falta es decisión política para ordenar prioridades y proteger a quienes trabajan la tierra.

En esa lógica, el desarrollo rural no es un capítulo aislado del programa. Es el eje central de una nación que busca convertirse en Patria Milagro.

Porque si el campo prospera, prospera Colombia.

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