Abelardo De La Espriella ha sido claro: su proyecto político no es una lucha entre derechas o izquierdas, sino entre el desorden y la coherencia, entre la decadencia moral y la defensa de los valores que fundaron a Colombia como nación. Lo suyo no es una bandera ideológica, sino un compromiso con los principios que dan sentido a la vida en comunidad.
“Esto no es un tema de ideología —dice De La Espriella—. La ideología es solo una manera de pensar. Lo mío son principios y valores fundacionales: la familia, la creencia en Dios, la recuperación del sistema de salud, el saneamiento de la economía y la posibilidad de cerrar la brecha social. Si la mayoría de los colombianos creen en eso, están de mi lado.
Su movimiento, Defensores de la Patria, se define por esa coherencia. Abelardo no busca dividir, sino reagrupar a un país extraviado entre discursos y promesas, recordándoles a los ciudadanos que la grandeza de Colombia se construyó sobre cimientos firmes: la familia, la fe, el trabajo, la justicia y el respeto por la ley.
En su visión, la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Es ahí donde se aprende el valor del esfuerzo, el respeto y la solidaridad, no en los eslóganes partidistas ni en los programas improvisados. Junto con la familia, la creencia en Dios es, para Abelardo, una guía moral que da sentido a las decisiones públicas y privadas, un principio que se ha querido borrar del debate nacional pero que sigue vivo en el corazón de la gente.
Otro de sus pilares es el imperio de la ley y el respeto por el Estado de derecho. No puede haber democracia donde los criminales se sienten en el Congreso ni prosperidad donde la impunidad es norma. Por eso, insiste en el castigo con mano de hierro para los corruptos y delincuentes: el que no se someta, debe ser neutralizado por la fuerza legítima del Estado; y el que se someta, debe pagar su condena en cárceles reales, sin privilegios ni complacencias.
En materia económica, Abelardo defiende la libertad de mercado y la propiedad privada como motores del progreso, pero también cree en la responsabilidad social del Estado para cerrar las brechas de desigualdad. Su programa “Colombia, país de propietarios” busca que cada familia pueda tener su casa propia a través de créditos al 3 % anual y plazos justos, no con las tasas abusivas que hoy ofrecen los bancos. Para él, la prosperidad no debe ser privilegio de unos pocos, sino posibilidad de todos.
“La democracia es hermosa —afirma— porque permite escoger entre muchas opciones, y al final las mayorías deciden. Pero esas decisiones deben sostenerse siempre sobre los principios constitucionales y legales. Eso no está en duda ni hoy ni nunca.”
Abelardo propone una Colombia organizada alrededor de esos valores: una nación que crea en el mérito, que proteja la ley, que premie el esfuerzo y que nunca renuncie a la esperanza. Su liderazgo no busca imponer una ideología, sino devolverle a la política su sentido ético.
Súmate a los Defensores de la Patria y ayudemos a recuperar la esencia de Colombia.