03 de marzo 2026
Mosquera se consolidó como uno de los municipios con mayor dinamismo inmobiliario de la Sabana Occidente. En menos de una década su expansión habitacional transformó la densidad poblacional y el perfil urbano. Sin embargo, la infraestructura de saneamiento no creció al mismo ritmo.
El resultado es una crisis estructural: redes saturadas, presión sobre plantas de tratamiento y una capacidad de alcantarillado que ya no responde al volumen real de aguas residuales que genera el municipio.
Durante su visita a Cundinamarca, el candidato presidencial Abelardo De La Espriella reconoció que el crecimiento fue más acelerado que la capacidad instalada para dotar a la región de un sistema adecuado de alcantarillado, y advirtió que el problema no es aislado: afecta a varios municipios de la zona.
El crecimiento desarticulado
El fenómeno es claro, mientras se aprobaban proyectos de vivienda, no se ejecutaban inversiones proporcionales en infraestructura hidráulica. El desfase entre desarrollo urbano y planeación técnica generó un cuello de botella que hoy impacta directamente la calidad de vida.
Desde el punto de vista técnico, el sistema opera con cargas superiores a su diseño original. Esto no solo compromete la eficiencia del drenaje, sino que incrementa el riesgo de emergencias sanitarias y ambientales.
La advertencia del candidato fue concreta: no se puede seguir expandiendo el territorio sin garantizar previamente la capacidad real de los servicios públicos.
Uno de los puntos centrales de la propuesta es que Mosquera no puede enfrentar sola el problema. La Sabana funciona como un sistema interconectado, y las redes hidráulicas no respetan límites administrativos.
Por eso, la solución debe involucrar:
– Coordinación entre alcaldías de la región.
– Participación activa de la Gobernación de Cundinamarca.
– Apoyo técnico y financiero del Gobierno Nacional.
– Actualización de estudios de capacidad hidráulica.
De La Espriella planteó la necesidad de una intervención estructural, no paliativa.
Infraestructura antes que expansión
El candidato dejó claro que el desarrollo inmobiliario no debe paralizarse, pero sí condicionarse.
La fórmula que propone parte de un principio básico de planeación urbana: no autorizar nuevas licencias sin garantizar previamente la ampliación de redes y plantas de tratamiento.
Más allá del componente técnico, la crisis del alcantarillado tiene efectos económicos. Mosquera es un nodo clave para la actividad industrial y logística de la región. Una infraestructura deficiente puede frenar inversiones futuras.
En esa línea, el candidato señaló que la infraestructura básica debe entenderse como motor del desarrollo, no como un gasto secundario.
La crisis del alcantarillado no es un tema menor ni invisible. Es un síntoma de una expansión acelerada sin acompañamiento estructural.
La solución, sostiene, no está en frenar el desarrollo, sino en garantizar que cada metro cuadrado nuevo cuente con infraestructura real y suficiente.
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