La solidaridad de Petro y Cepeda con la narcodictadura de Maduro no es gratis, es complicidad

Por Abelardo De La Espriella

La lucha contra el narcotráfico no puede tener tregua: este ha venido siendo utilizado por los narcoterroristas como un arma de guerra en contra de naciones a las que han convertido en blancos de ataque, como ocurre con los Estados Unidos.

El narcotráfico no solo es un medio para financiar al terrorismo, es, en sí mismo, una de las tantas formas utilizadas para lograr sus fines: destruir democracias a través de la corrupción y el desconocimiento de los derechos de los ciudadanos.

En ese sentido, la justicia norteamericana ha actuado de conformidad: un gran jurado ciudadano ha pedido el juzgamiento de uno de los narcotraficantes más grandes del continente: Nicolás Maduro, el jefe del Cártel de los Soles, quien, gracias al narcotráfico, se convirtió en dictador y exporta su dictadura a través de sus cómplices internacionales (las FARC y el ELN) y, en lo político, actúa de la mano con Petro e Iván Cepeda en Colombia.

No nos llamemos a engaño: Venezuela es la punta de lanza de Hezbolá y Al Qaeda, y contemporiza con Irán, Nicaragua, Cuba, etc.; eso hay que acabarlo o habremos sucumbido en manos del narcoterrorismo.

En Venezuela no está pasando nada diferente a la captura de un delincuente por orden de la justicia; nada más, nada menos.

En Colombia debemos ver el espejo de lo que ha ocurrido en Venezuela; contemporizar con el narcotráfico conduce a dictaduras y a la devastación de la Patria. Por eso, debemos combatir con toda la fuerza de la Constitución y de la ley a ese cáncer que ha crecido tanto, que ha sido capaz de tomarse el poder en países vecinos y pretende hacerlo en el nuestro. Los actores son los mismos: FARC, ELN y los cómplices políticos, antiguos guerrilleros comunistas que acuden a “todas las formas de lucha” para imponer su régimen y atornillarse al poder.

Que no se le ocurra al gobierno colombiano, en cabeza de Petro —un presidente que ya está incluido en la lista OFAC—, aprovechar la situación en Venezuela para decretar conmociones interiores que solo pretenderían torpedear las elecciones para amarrarse al poder. Hoy vemos a Petro y a Cepeda solidarizándose con la narcodictadura, defendiendo a sus cómplices; eso no es gratis, ellos son parte de ese mismo cartel.

Las consecuencias de la captura del narcodictador Maduro deben llevar a la recomposición de la democracia en Venezuela. En Colombia debemos propender para que el poder político haga el tránsito del narcotráfico a la democracia.

Petro: ojo con lo que vas a hacer. Intentar robarte las elecciones con tus cómplices no es la salida. Todas las tiranías terminan igual, defenestradas. Puedes irte el 7 de agosto, como debe ser, o intentar quedarte o montar a tu heredero, Iván Cepeda; caso en el cual, terminarás como Maduro. Tú decides.

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