La Pasión definirá a Abelardo De La Espriella como Presidente en Primera Vuelta

Por Mateo Arjona

Hay algo que la econometría no suele explicar bien: la pasión.
Y sin embargo, en toda decisión humana —económica, política o social— la pasión termina siendo el verdadero determinante.
El voto, como cualquier decisión de consumo o inversión, no es racional: es un acto emocional sustentado en confianza, identificación y esperanza.

Por eso, al construir el Modelo Estocástico de Proyección Electoral Integrada (MEPE), no quise limitarme a los números fríos.
El modelo, que combina señales digitales, encuestas presenciales y simulaciones estadísticas, proyecta que Abelardo De La Espriella tiene entre 73,8% y 95,2% de probabilidad de ganar en primera vuelta en mayo de 2026.
Pero más allá del dato técnico, lo importante es por qué esos números crecen: porque detrás de ellos hay emoción genuina.
No en vano va de primero en las encuestas de intención de voto.


La pasión que une, no divide

En el Marketing aprendí que las marcas más poderosas no solo ocupan la mente, sino el corazón.
Y Abelardo, más que un candidato, está funcionando como una marca emocional: no actúa, no dramatiza, no finge. Es auténtico.
Esa autenticidad despierta una pasión transversal, sin extremos ni clases.

Los resultados de las mediciones cualitativas del estrato 1, 2 y 3 —que analizan conversación digital y percepción espontánea— muestran un fenómeno poco común:
una emoción compartida que trasciende las diferencias socioeconómicas.

Es la misma emoción pasional que une a Colombia cuando juega su selección: no importa el barrio, la ciudad o el estrato; hay algo común que se llama esperanza.

Esa misma esperanza fue la que movilizó al país en 2002 con Álvaro Uribe Vélez, cuando su figura despertó una pasión colectiva de salvación, cambio y fuerza.
Hoy, esa energía vuelve a sentirse, pero esta vez canalizada a través de una figura que, como Abelardo, habla desde la libertad, no desde la política tradicional.


El candidato libre

En Economía, el concepto de independencia es fundamental para explicar la solidez de un sistema.
En política, esa independencia se traduce en libertad de intereses.

Abelardo De La Espriella es, hoy por hoy, el único candidato libre:
no político, no dependiente de favores, financiado con sus propios recursos, y con la ventaja estratégica de no deberle nada a nadie.

Eso, en términos de market structure, lo convierte en un outsider competitivo.
Y la historia reciente muestra que los outsiders auténticos —como Bukele en El Salvador— conectan con el votante desde un espacio emocional de ruptura:
no por confrontar, sino por encarnar la posibilidad real del cambio.


Una marca con alma

Si analizáramos la candidatura de Abelardo con el modelo de valor de marca de Young & Rubicam (Brand Asset Valuator), los resultados serían sorprendentes incluso para el mundo corporativo:

  • Diferenciación: es el más alto del espectro político, no hay otro como él.

  • Relevancia: es percibido como alguien que conecta con la vida del colombiano promedio.

  • Estima (Top of Heart): su autenticidad genera cercanía y afecto genuino.

  • Awareness (Top of Mind): su recordación ya llega al 53,2% según CNC, con potencial de crecimiento exponencial cuando comience la etapa más fuerte de marketing político.

En términos simples: es una marca amada, recordada y diferente, las tres condiciones que definen a los ganadores en cualquier mercado.


La economía de la pasión

El MEPE proyecta que, manteniendo los factores actuales —y con un aumento conservador de conocimiento al 63,2%—, Abelardo superaría el 50% de intención de voto antes de mayo de 2026.

Pero incluso si el modelo se desviara algunos puntos, la tendencia estructural permanecería:
cuando una marca logra unir razón y emoción, el resultado es irreversible.

Y eso es lo que estamos viendo: una curva ascendente sostenida, alimentada no por gasto mediático, sino por identificación emocional.

En un contexto donde la política tradicional ha perdido credibilidad, la pasión genuina se convierte en el activo más escaso y más valioso del mercado electoral.

Y Abelardo —con su carácter y su autenticidad— parece haberla encontrado.


“En la economía política de la emoción, la pasión es el mejor predictor de victoria.”
Mateo Arjona, Economista

Compartir en

WhatsApp

Déjanos tu correo para avisarte cuando abramos inscripciones