Presidente: 

 

Durante los últimos 15 años, una gran mayoría de las bases del uribismo hemos votado más por disciplina que por convicción. Hemos acompañado liderazgos que muchas veces no sentíamos propios, pero lo hicimos por lealtad a usted y a la causa, confiando además que el desenlace seria distinto a tener que presenciar la tragedia de la familia de Miguel y tener que verlo a usted, injustamente, preso. 

Hoy la historia es diferente. Esta vez no aceptaremos liderazgos forzados ni candidatos de conveniencia. Por fin tenemos a alguien que nos representa, alguien que encarna el espíritu, los valores y la lucha que nos unió desde el inicio: ABELARDO DE LA ESPRIELLA

Presidente, con usted aprendimos que la política es entrega, carácter y valentía. Y es por eso que hoy, con la misma disciplina de siempre, pero ahora también con convicción y esperanza, decimos: estamos listos para defender la patria con la fórmula que usted inventó hace años de la seguridad democrática y la candidatura de Abelardo. 

Abelardo no se convirtió en uribista de un día para otro. Si en algo ha sido consistente es en mostrar al mundo la admiración, el respeto y el aprecio que siente por usted y su familia. Su camino político no nace de la improvisación, sino de su patriotismo y de sus logros como empresario, abogado y miembro de familia. 

Estoy segura de que muchos coincidimos con lo que él expresa: hay mas uribismo que Centro Democrático. Porque en más de una ocasión, las decisiones del partido no han recogido el verdadero sentir de una inmensa mayoría.

 Presidente, sabemos que usted, como el gran demócrata que es debe respetar los procesos internos del partido, es lo justo con quienes llevan esperando esos espacios y también con los precandidatos que han trabajado para abrirse su camino. Pero también queremos que se escuche a los uribistas que seguimos en pie de lucha con su legado pero que no ocupamos un lugar dentro de esa estructura.

 Usted, presidente, ha demostrado que puede resistir muchas pérdidas, pero no más traiciones. Y estoy convencida de que si Abelardo se gana ese espacio, lo tendría a usted como su consultor de cabecera, con la misma lealtad con la que, sin titubear, ha dicho que lo quiere a usted como su fórmula vicepresidencial o su Ministro de Defensa. 

Esta vez no hay cabida para la tibieza, el acomodo, la deslealtad, ni la cobardía. Lo mejor para rescatar a Colombia de los verdaderos enemigos es la firmeza, el carácter y la autoridad. Sus banderas, presidente Uribe, no estarán mejor representadas que en manos de Abelardo. 

Una gran reflexión por hacer es la de darnos cuenta que la destrucción que hoy estamos presenciando hacia nuestra democracia es producto de toda esa miopía, egoísmo y falta de lectura con que muchas figuras públicas han manejado el País. Es la oportunidad para no caer en eso nunca más. 

Muchos uribistas estamos de pie, unidos y decididos. Esta vez no es disciplina vacía: es convicción real. 

Valerie L.

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