21 de enero de 2026.
Los problemas más graves de Colombia no se corrigen únicamente desde el Estado, sino desde el fortalecimiento del núcleo básico de la sociedad: la familia.
Así lo plantea el precandidato presidencial Abelardo De La Espriella, afirma que una sociedad sólida se construye a partir de familias funcionales, donde los valores, la disciplina y el afecto cumplen un papel central en la formación de ciudadanos responsables. Esta visión no es retórica, encuentra respaldo en múltiples estudios sociales y económicos que evidencian la relación directa entre estabilidad familiar, reducción de violencia y desarrollo social.
El rol de la mujer en la cohesión familiar
Uno de los puntos más claros del planteamiento de De La Espriella es el reconocimiento del papel de la mujer como eje de la familia. Este enfoque no es simbólico: según cifras del DANE, más del 40 % de los hogares en Colombia tienen jefatura femenina, y en muchos de ellos las mujeres sostienen no sólo la economía del hogar, sino la formación emocional y educativa de los hijos.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha documentado que el fortalecimiento de las mujeres como cuidadoras, educadoras y líderes comunitarias tiene un impacto directo en la reducción de la desigualdad y violencia intrafamiliar. Exaltar su rol no es un retroceso, sino un reconocimiento de una realidad social comprobada.
Familias funcionales como política preventiva
Desde esta óptica, fortalecer la familia no es un discurso moralista, sino una política preventiva. Países que han invertido en apoyo a la familia —a través de educación parental, acompañamiento a madres cuidadoras y programas de cohesión familiar— registran menores costos en seguridad, sistema penitenciario y atención social.
De La Espriella ha insistido en que un Estado eficiente no debe reemplazar a la familia, sino respaldarla. Cuando el hogar cumple su función formativa, el Estado puede concentrarse en garantizar seguridad, empleo y desarrollo económico, en lugar de actuar de manera reactiva frente a la descomposición social.
En un escenario político donde muchos evitan definiciones claras, el líder de Defensores de la Patria asume una posición abierta en defensa de la familia tradicional. Su argumento es pragmático: las sociedades con estructuras familiares estables presentan mayor cohesión social, mejores resultados educativos y mayor resiliencia frente a crisis económicas.
Esta postura no desconoce la existencia de otras realidades, pero sí plantea una prioridad clara en términos de política pública: promover modelos que estadísticamente funcionan mejor para la estabilidad social.
La propuesta de fortalecer la familia como núcleo de la sociedad se inscribe en una visión de largo plazo. No promete resultados inmediatos, pero apunta a atacar las causas profundas de la violencia, la pobreza y la descomposición institucional.
En lugar de discursos grandilocuentes, el mensaje es concreto: sin familias fuertes, no hay nación fuerte. Y sin mujeres reconocidas y respaldadas en su rol fundamental, no hay familias estables.
En un país cansado de improvisaciones, esta postura introduce un debate de fondo: reconstruir Colombia no empieza en el Palacio, empieza en el hogar.
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