20 de febrero 2026
En medio de una conversación distendida con El Tiempo, una imagen llamó la atención, una banda con los colores de Colombia puesta sobre la figura de un personaje histórico. No era un gesto decorativo ni una improvisación escénica. El candidato presidencial Abelardo De La Espriella explicó que la banda fue un regalo de un amigo de la universidad, el notario Guillermo Escolar, y que decidió ubicarla sobre la representación de su personaje favorito de la historia antigua: Lucio Quincio Cincinato.
La referencia no es casual. Cincinato fue un general de la República Romana, anterior al Imperio, recordado por haber asumido poderes extraordinarios en momentos de crisis y haberlos devuelto voluntariamente una vez superada la amenaza. Según la tradición histórica, fue designado dictador —en el sentido romano del término, que implicaba poderes excepcionales por tiempo limitado— cuando Roma enfrentaba graves riesgos militares y desorden interno.
Cincinato vivía retirado en su finca, dedicado al trabajo agrícola, cuando el Senado romano lo convocaba para asumir el mando en momentos críticos. Tras restaurar el orden, derrotar enemigos y estabilizar la República, renunciaba al poder antes de que venciera el plazo oficial y regresaba a su vida privada.
Para De La Espriella, ese gesto de asumir responsabilidades sin apego al poder es el rasgo central que admira del personaje. En su relato, no se trata de una reivindicación del autoritarismo, sino de un símbolo de servicio público temporal y desinteresado.
El candidato incluso recordó que la ciudad de Cincinnati, en Estados Unidos, toma su nombre de esta figura romana, debido a la admiración que George Washington sentía por Cincinato. Washington también renunció al poder tras la independencia, en lugar de perpetuarse en él, consolidando así una tradición republicana.
Un símbolo personal, no una declaración institucional
De La Espriella aclaró que no busca equiparar su aspiración presidencial con una figura dictatorial. Al contrario, enfatizó que se considera un “soldado de la democracia”. En su interpretación, el paralelismo no está en los poderes extraordinarios, sino en la disposición a asumir el liderazgo en momentos de crisis y retirarse cuando la tarea esté cumplida.
El mensaje que proyecta es el de un dirigente que no persigue el cargo por vanidad ni por enriquecimiento, sino por convicción. Según sus propias palabras, no llegó a la política para buscar reconocimiento internacional ni protagonismo personal, sino para “hacer patria”.
En medio de una campaña caracterizada por confrontaciones ideológicas y narrativas de polarización, este tipo de símbolos cumplen una función estratégica. Refuerzan la identidad del candidato como defensor del orden institucional y de la tradición republicana.
La referencia a la Roma republicana subraya además un contraste: la idea de una república sostenida por el Senado y el imperio de la ley frente a modelos que, en su discurso, asocia con concentración prolongada de poder.
Entre historia y política contemporánea
La figura de Cincinato ha sido utilizada históricamente como arquetipo de virtud cívica. No es la primera vez que aparece en discursos políticos; ha sido evocada como ejemplo de liderazgo temporal y responsabilidad pública.
En el caso de De La Espriella, el símbolo busca comunicar tres mensajes:
- Servicio por encima de ambición personal.
- Restauración del orden institucional en tiempos de crisis.
- Compromiso con la democracia como principio rector.
El gesto de unicar la banda tricolor sobre su personaje favorito se convierte en una pieza más dentro de la construcción de identidad del candidato: un relato de liderazgo fuerte, temporal y, según su planteamiento, profundamente republicano.
También te puede interesar: Abelardo De La Espriella defiende su trayectoría:”Miren mi vida en contexto”
Súmate como Defensor de la Patria en: unete.defensoresdelapatria.com