Con un plan de choque de 90 días, el uso de bioherbicidas y un enfoque de control territorial permanente, el candidato de Defensores de la Patria busca desmantelar el ecosistema criminal que hoy asfixia al Valle del Cauca y al país. Así será su política de seguridad en Colombia.
Desde Jamundí, Valle del Cauca, uno de los territorios más golpeados por la violencia, el narcotráfico y el abandono del Estado, Abelardo De La Espriella presentó al país su Política Integral de Seguridad y Defensa Nacional, una hoja de ruta clara, medible y ejecutable para recuperar el control territorial y devolverle la tranquilidad a los colombianos.
La elección de Jamundí no es simbólica: es estratégica. Este municipio, al igual que Cali y buena parte del Valle del Cauca, ha sido víctima directa del fracaso de la llamada “Paz Total”. El incremento de grupos armados ilegales, el crecimiento acelerado de los cultivos ilícitos, que ya superan las 30.000 hectáreas en el departamento, el reclutamiento de menores, la extorsión, el secuestro y los atentados terroristas han sumido a la región en una crisis profunda de seguridad y gobernanza.
El Ecosistema Híbrido del Crimen
Abelardo De La Espriella advirtió que Colombia ya no enfrenta una guerrilla tradicional enfrentada al Estado, sino un ecosistema criminal híbrido, alimentado por la coca, que combina narcotráfico, terrorismo, economías ilegales, control territorial, corrupción, desinformación y crimen organizado transnacional. Hoy el Estado es relativamente fuerte en algunas ciudades, pero débil en corredores rurales, fronteras y riberas, permitiendo que estas estructuras se expandan sin control. No hay una política de seguridad clara en Colombia.
El deterioro de la cooperación internacional, las tensiones diplomáticas y la pérdida de confianza de aliados estratégicos han debilitado aún más las capacidades de seguridad y defensa del país, afectando la inteligencia, la formación y la modernización de la fuerza pública. Este escenario ha incrementado los riesgos para la estabilidad nacional y regional.
Frente a esta realidad, Abelardo De La Espriella presentó un marco político-operativo sólido, sustentado en cinco pilares no negociables: autoridad democrática con legalidad y respeto a los Derechos Humanos; resultados medibles; enfoque en el desmonte de las economías criminales; dirección civil con ejecución militar; y cooperación internacional pragmática.
La Clave es Recuperar el Control
El objetivo estratégico para el periodo 2026–2030 es claro: control territorial efectivo y permanente, reducción sostenida de homicidios, extorsión y secuestro; desmantelamiento completo de las redes criminales; modernización de las capacidades de la fuerza pública; y blindaje institucional contra la politización.
La política contempla una reforma estructural del sector de defensa mediante un Libro Blanco de Defensa Nacional, una Ley de Seguridad y Defensa, fortalecimiento de la inteligencia estratégica, una policía rural robusta, justicia eficaz y un sistema penitenciario que deje de ser plataforma del delito.
En los primeros 90 días, se ejecutará un plan de choque con despliegue interagencial en corredores críticos, unificación de inteligencia financiera y estratégica, captura de cabecillas de alto valor, aspersión con bioherbicidas, fortalecimiento del control territorial y respaldo jurídico y operativo a la fuerza pública. En 12 meses, se exigirán resultados verificables. En cuatro años, Colombia deberá haber recuperado de manera sostenida el control de su territorio y la confianza de sus aliados internacionales.
Desde Jamundí, Abelardo De La Espriella fue enfático: la seguridad no se negocia, se ejerce. Aquí se acaba la laxitud, la permisividad y la renuncia del Estado a su deber constitucional. Con autoridad, decisión y resultados medibles, Colombia volverá a ser un país seguro.
Firme por la seguridad.
Firme por la defensa de nuestra gente.
Firme con Jamundí, con el Valle del Cauca y con Colombia.
¡Firme por la Patria!