Enero 9, 2026. 10:26 a.m. En el panorama político actual, donde las ambiciones personales suelen nublar el sentido de lo público, Abelardo De La Espriella ha planteado una reflexión que sacude los cimientos de la contienda electoral. El candidato presidencial y líder del movimiento Defensores de la Patria sostiene que el proceso democrático que se avecina no debe girar en torno a las figuras que aspiran al poder, sino en torno al rescate y la supervivencia de la nación misma. Para De La Espriella, la personalización de la política es un error que el país ya no puede permitirse; el enfoque debe ser, de manera exclusiva, la recuperación de la institucionalidad y el bienestar de los colombianos.
Con la autoridad que le otorgan más de 22 años de ejercicio en el derecho penal, De La Espriella se define como un hombre de argumentos y dialéctica. Lejos de las posturas autoritarias que sus detractores intentan atribuirle, el líder de Defensores de la Patria destaca la importancia del discernimiento y la humildad intelectual. “Yo no tengo la verdad revelada; me encanta que la gente me diga si la estoy embarrando porque así es como se crece”. Esta disposición al diálogo, sin embargo, no debe confundirse con debilidad. Su visión es clara: el país requiere un liderazgo que sepa rodearse de los mejores y que ponga la técnica y la ley al servicio del ciudadano.
La decisión de participar en esta carrera presidencial no fue un capricho de vanidad para De La Espriella. El candidato ha sido enfático en describir la vida que dejó atrás para dar este paso al frente. Relata con nostalgia, pero con firmeza, sus días en Florencia, Italia, donde llevaba una existencia apacible dedicada al campo. “Allá soy campesino; siembro uvas, olivos, hago vino y aceite de oliva”. Describe una cotidianidad “realmente sabrosa” donde podía llevar a sus hijos al colegio, almorzar con su mujer y caminar de la mano por calles tranquilas al atardecer. No obstante, el deber moral hacia su patria pesó más que el confort personal.
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El patriotismo como un deber moral e ineludible
Para el líder de Defensores de la Patria, la política no es un refugio ante la falta de proyectos, sino un sacrificio consciente. A diferencia de otros aspirantes, De La Espriella afirma tener “200 planes más” y empresas que han quedado en segundo plano debido a la demanda absoluta de la vida pública. “Esto de la política es de 24 horas; yo no estoy aquí porque no tenga otros planes, estoy aquí porque he decidido que mi único plan sea Colombia”. Esta entrega total es lo que él define como patriotismo puro, un sentimiento que lo ha llevado a priorizar el destino nacional sobre su propia tranquilidad financiera y familiar.
La motivación de De La Espriella está profundamente ligada a su rol como padre. El candidato confiesa que no podría seguir viéndose al espejo en el extranjero mientras le habla a sus hijos sobre honor, dignidad y civismo, sabiendo que no hizo nada cuando Colombia atravesaba sus horas más oscuras. “Es un deber moral”. Su objetivo es materializar el sueño de una nación donde se aplique una justicia implacable contra la criminalidad, no como una promesa electoral vacía, sino como un mandato innegociable para restaurar el orden. La justicia debe ser una realidad palpable que devuelva la seguridad a las calles y la confianza a los hogares.
El compromiso de Abelardo De La Espriella con el país es, en sus propias palabras, un “enamoramiento” profundo y total. Describe su vínculo con la nación como una fuerza que lo impulsa a atreverse a hacer lo que sea necesario para llevar a Colombia al sitial de grandeza que se merece. Este enfoque se aleja de las “fabricaciones” políticas tradicionales; se trata de una conexión genuina con el territorio y su gente. En este sentido, las próximas elecciones representan la oportunidad de elegir entre el estancamiento o una transformación liderada por alguien que ya tiene su vida resuelta y que viene a trabajar por el bien común por pura convicción patriótica.
En conclusión, el mensaje de Defensores de la Patria es un llamado a la sensatez nacional. El país no necesita más mesías ni promesas de cambio sin sustento legal. Lo que Colombia requiere es una gerencia con carácter, respaldada por la ley y movida por un amor real a la patria. De La Espriella reitera que su paso por la política es temporal, con el único fin de salvar y reconstruir la nación. El enfoque debe mantenerse en el futuro de los millones de ciudadanos que sueñan con un país próspero y seguro, donde la justicia sea el pilar fundamental de la convivencia.
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