“¡Compatriotas! Hoy vengo, con indignación y coraje, a contarles cómo es que la izquierda radical no solo gobierna con mentiras, sino que ha tejido una red de odio y caos que está destruyendo nuestras sociedades.
Ese populismo destructor ha creado una narrativa perversa: demonizan a quienes somos sus opositores, a quienes defendemos los valores de la moral cristiana, de la economía libre de mercado, de la familia, del respeto por la ley y la fuerza pública, nos tildan de extremistas, siembran división, incitan al odio y, al final, cosechan lo que quieren: violencia.
No es casualidad. Es una estrategia calculada para silenciar a quienes luchamos por la libertad y la democracia. Y yo, Abelardo De La Espriella, estoy en el ojo de esa tormenta. Pero escuchen bien: ¡los enemigos de la patria no me callarán porque he venido a enfrentarlos, a derrotarlos y a castigarlos!
Miren lo que ha pasado en el mundo. En Estados Unidos, el expresidente Donald Trump, un hombre que representa la resistencia al globalismo radical, sufrió un atentado en julio del año pasado. Un disparo que rozó su oreja y que pudo haberlo matado.
No fue un loco aislado el responsable de ese atentado; fue el fruto de años de retórica de odio de la izquierda extrema, que ha pintado a Trump como un monstruo para justificar cualquier barbarie.
Esta semana vimos el caso de Charlie Kirk, ese joven activista conservador, escudero de la lucha de los valores y las tradiciones, asesinado a tiros mientras hablaba en una universidad de Utah.
¡Charlie Kirk fue baleado frente a miles de personas! ¿Coincidencia? No, ese homicidio es fruto del caos y el odio que siembran los verdaderos EXTREMISTAS , con su narrativa repetida hasta el cansancio, de llamarnos ‘enemigos de los pobres, elitistas, ricos’, a quienes defendemos lo correcto, a quienes planteamos luchar contra las drogas, acabar con la corrupción, erradicar la impunidad e imponer, como debe ser, el imperio de la ley, a quienes con nuestro trabajo generamos la riqueza de las sociedades para poder erradicar la pobreza.
Pero, no vayamos tan lejos, hablemos de lo que ocurre en nuestra Patria, aquí mismo, en el parque El Golfito, en Bogotá, ocurrió el asesinato de Miguel Uribe Turbay.
Miguel es un mártir, abatido en un evento de campaña en Bogotá en junio y muerto dos meses después. Miguel era un senador, un líder de oposición, un defensor de La Patria que terminó, vilmente silenciado con las balas disparadas por un instrumento del odio oficial.
La guerra que pretende matarnos a todos quienes nos oponemos al régimen, no utiliza solamente la eliminación física de nosotros: miremos cómo, al presidente Álvaro Uribe lo han perseguido y condenado injustamente, en un sainete disfrazado de “juicio penal” que todos vimos a través de YouTube: su perseguidor y falsa víctima, Iván Cepeda, obtuvo como premio a su burdo complot, lanzarse a la presidencia de la República bajo el manto cómplice de Gustavo Petro y la protección de las FARC y el régimen del narcodictador Nicolás Maduro.
Otro de los actores de la persecución de la toga en contra de Álvaro Uribe, Eduardo Montealegre, fue premiado con el ministerio de justicia por parte del perseguidor mayor: el ex guerrillero impune que hoy es presidente, Gustavo Petro.
Yo me pregunto ¿quiénes son los verdaderos radicales y quiénes somos los que hemos puesto los muertos y los condenados injustamente, quiénes somos realmente los perseguidos, quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios en esa ecuación?
¡SOMOS NOSOTROS! los defensores de la democracia; ellos, los que hoy nos gobiernan, son los extremistas radicales; ellos: Petro y sus cómplices son los victimarios, nosotros hemos puesto los muertos y los perseguidos.
¿Quién alimenta esto? La misma izquierda radical que gobierna, que dirige la propaganda oficial, que patrocina bodegas de odio, que paga a los comandos urbanos de las guerrillas para que bloqueen, pinten las calles con propaganda, infiltren universidades destruyan los bienes públicos, dividan, siembren el odio, impongan falsas narrativas de “privilegiados contra los pobres”.
Son ellos los que infiltran a los maestros en el sistema educativo, a los activistas en la rama judicial, a sus bodegas en las plataformas digitales, a sus agentes en los medios de comunicación, a los criminales de lesa humanidad en el congreso de la República y a un ex guerrillero impune en la Casa de
Nariño; son ellos los que se han enquistado en la sociedad y han hecho metástasis como el cáncer que son.
Todo lo anterior, compatriotas, no son incidentes aislados; son resultados directos de su estrategia: crear pánico, generar miedo y eliminar física, judicial o moralmente, a quienes los desafíamos.
Pero esto no para ahí, fieles con los manuales de la guerra irregular de las guerrillas, estos radicales petristas usan la amenaza: en mi caso, he recibido información oficial y de organismos internacionales, de que han puesto precio sobre mi cabeza para asesinarme: aquí estoy, cuidándome y dando la batalla porque yo no me acobardo, yo llegué tarde a la repartición del miedo, a mi me cuidan Dios y los ciudadanos de bien, mi ejército: los defensores de La Patria.
Paralelamente, a medida de que mi campaña crece en las encuestas, en las redes, en la calle, en fervor, en esperanza, hasta en las apuestas en línea, he sido informado de que desarrollan un plan para destruir mi nombre y reputación: ¡los tengo asustados porque saben que cuando llegue a la Presidencia no me temblará la mano para castigarles por todas sus fechorías!
Los mismos que corrieron las líneas éticas hace cuatro años, conspiran, de la mano del impresentable ROY, tal como lo hizo en la campaña de su jefe, Petro, para montar falsas noticias sobre mi y amplificarlas en sus ecosistemas digitales: desprestigio, campañas sucias, mentiras, etc, son propias de esos zurdos miserables. El cobarde de Ariel Ávila, el traidor mayor, Juan Manuel Santos, la inteligencia del corrupto Gustavo Petro, montan un sainete para instalarlo en las redes sociales y amplificarlo en los medios con sus aliados Mamertos para sembrar una campaña de mentiras en mi contra: se reúnen en las casas de los Santos en Cartagena, en los directorios políticos de Bogotá, envían emisarios a las cárceles, siembran cizaña en actos de campaña en Estados Unidos y preparan un ataque que pretende atajarme mediante el desprestigio: el sicariato moral en su máxima expresión.
Hace cuatro años, la izquierda populista y sus aliados en los medios de comunicación y en las bodegas digitales, emboscaron y destruyeron a sus rivales políticos, corrieron la línea ética, acusaron a sus rivales de toda clase de improperios solo para manchar su nombre y sacar del camino a sus contrincantes: conmigo NO, conmigo es a otro precio.
¡Destruyen reputación con mentiras!
Hoy, es peor porque el jefe de la estrategia no es un candidato, es el presidente de la República.
Petro, desde su cuenta oficial en X, me ha perfilado y señalado como ‘genocida’, me ha acusado falsamente de crímenes atroces para incitar al odio contra mí, tal como lo hizo con Miguel Uribe.
¡Genocida yo, que he defendido la justicia toda mi vida! Y no para ahí la cosa: Redes de extrema izquierda, periodistas cómplices que se les unen, me avisan que van a por mí: Roy, Ariel, Benedetti, inteligencia de Petro, se reúnen en casas de la familia de Juan Manuel Santos a planear mi destrucción.
Y qué cobardes son los que, supuestamente están del mismo lado de la democracia pero se prestan al juego de Petro porque se dejan llevar de la avaricia política en medio de una campaña electoral que hacen por egos personales y no por la salud de la República, también sé quiénes son pero estoy claro en que el único enemigo es Petro y no me voy a desviar de mi objetivo: enfrentarlo, derrotarlo y castigarlo.
Me dicen que destruirán mi imagen, como lo hicieron antes con otros candidatos: aquí estoy Petro, aquí estoy Roy, aquí estoy Arielito, aquí estoy Tartufo, aquí estoy Benedetti: NO LES TENGO MIEDO, conmigo es a otro precio, yo si los enfrento y los derroto porque no tengo nada que ocultar. Eso si: Olvídense que no les voy a pasar factura por los daños a Colombia y los ataques que me hacen.
Amenazas de muerte, de violencia, de caos, de desprestigio ¡pero yo no me arredro! Esto no es casual, es porque mi campaña avanza con fuerza. Les duele ver al tigre rugir.
¡Denuncio esto con toda la fuerza de mi ser! Denuncio la estrategia de caos y odio de la izquierda radical que nos lleva a la muerte, a la violencia, a la desinformación. Denuncio las amenazas contra mi vida y mi honra. Pero sobre todo, les digo: ¡no les temo! Soy Abelardo De La Espriella, el tigre que no se deja cazar. Los enfrentaré con la Constitución en la mano, con la ley como escudo y con el pueblo a mi lado. Mi éxito los asusta; por eso vienen con todo. Pero yo seguiré adelante, porque Colombia merece líderes valientes, no cobardes que siembran muerte.
A los que están del lado correcto de la historia, a los precandidatos que respeto y a los que nunca responderé los ataques que me hacen, porque afectan la unidad que se requiere para derrotar al mal personificado en Petro, les digo: el enemigo no soy yo, no le hagan el juego al verdadero enemigo de la Patria ¡Unámonos ! Juntos, derrotaremos este odio y construiremos una patria libre.
¡El tigre no retrocede, el tigre no se deja cazar! ¡Viva Colombia, libre y en democracia!”