Noviembre 20, 2025. 04:38 p.m. La ausencia de un candidato sólido antes de finalizar el año podría generar un vacío que ponga en riesgo la estabilidad democrática y el futuro del país.
Así lo sostiene Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder del movimiento Defensores de la Patria, quien considera que el momento político que vive Colombia exige claridad, responsabilidad y madurez estratégica. No se trata únicamente de escoger un nombre: se trata de construir, a tiempo, un liderazgo capaz de derrotar la narrativa de la izquierda radical y de interpretar con autenticidad lo que él llama “el alma de la colombianidad”.
Su planteamiento surge de una lectura cruda de la realidad electoral: el heredero del proyecto político del actual gobierno será, según él, el senador Iván Cepeda. Y dejarlo cinco meses solo en campaña, sin un contrapeso organizado y sin una alternativa clara para la ciudadanía, es un error estratégico que puede costar la elección presidencial de 2026.
“Cualquier politólogo te diría: ‘Tienen que escoger un candidato de coalición ya, porque dejar a Cepeda 5 meses solo en el ruedo es un gran peligro’”.
De La Espriella sostiene que el país no busca un liderazgo técnico, sino simbólico: alguien que pueda vencer no solo electoralmente, sino narrativamente, un proyecto político que, según él, ha construido su fuerza sobre el discurso, la emotividad y la manipulación emocional del electorado.
Para enfrentar eso, explica, no basta con un currículum; se requiere un liderazgo capaz de conectar con la gente y representar los valores esenciales del país: familia, libertad, empresa, propiedad privada, seguridad y un compromiso sincero con el bienestar de los más vulnerables.
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Un liderazgo simbólico que interprete al país profundo
En su análisis, el riesgo de no definir un candidato competitivo no solo es electoral: es cultural y emocional. La izquierda, explica, ha logrado imponer una narrativa basada en la idea de que representa al pueblo, mientras acusa a todo opositor de elitista o enemigo del progreso. Por eso insiste en que la contraparte no puede ser un rostro improvisado ni un nombre impuesto por acuerdos de escritorio: debe ser alguien que conecte, inspire y represente con coherencia la identidad de los colombianos.
Para De La Espriella, esa identidad está marcada por la “extrema coherencia”, que define como la defensa lógica y natural de los valores fundamentales del país. “La defensa de la patria, la defensa de la familia, la defensa de la empresa, la defensa de la propiedad privada, la lucha contra la corrupción, las ganas de sacar el país adelante”, afirma. Esos elementos, dice, no son ideología; son sentido común cultural.
El país lleva años buscando a alguien que encarne esa coherencia. “El país duró 3 años buscando un líder que trajera esperanza”, señala. Y afirma que su candidatura surge precisamente como una respuesta a ese clamor social, razón por la cual está dispuesto a someterse a una gran encuesta nacional que permita escoger un candidato único antes del 10 de diciembre. Insiste en que su propuesta no se basa en que él esté liderando encuestas internas, sino en darle tranquilidad al país y evitar un escenario que puede ser crítico.
La política, recuerda, no funciona desde los clubes sociales, ni desde acuerdos de élites, sino desde la comunión emocional con el pueblo. Y la ciudadanía, añade, no quiere discursos técnicos ni promesas abstractas, sino símbolos de fortaleza, coherencia y protección, especialmente en tiempos de incertidumbre.
Por eso critica la idea de esperar hasta marzo para definir un candidato. Desde su perspectiva, eso dejaría al aspirante de la izquierda consolidando su base, recorriendo el país sin oposición directa y construyendo un relato sin contradicciones.
Para evitar esa situación, propone una gran encuesta abierta, incluyente y transparente, donde puedan participar todos los aspirantes comprometidos con la democracia y la institucionalidad. Su único límite es excluir a quienes apoyaron o participaron del proyecto político que hoy gobierna, porque, argumenta, no es coherente construir una alternativa con quienes contribuyeron al deterioro del país.
Su invitación es clara: si el país quiere derrotar la narrativa de la izquierda, necesita unidad real, liderazgo simbólico y una candidatura definida ya, no en cinco meses.
El llamado final es directo, tranquilo y sin confrontación: “Colombia necesita un liderazgo claro y unido para defender la República. Quienes compartan esta visión están invitados a unirse a Defensores de la Patria y construir, juntos, el futuro que merecemos”.