Por: Redacción Defensores de la Patria
En una conversación que invita a la reflexión sobre la madurez, el carácter y el aprendizaje a lo largo de la vida, Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial por el movimiento Defensores de la Patria, compartió uno de los aspectos más íntimos de su evolución personal sobre cómo ha pasado de la impulsividad juvenil a una etapa de pleno dominio emocional, mental y espiritual.
Sus palabras no solo trazan la historia de un cambio individual, sino que se convierten en un mensaje con eco colectivo sobre la importancia de la inteligencia emocional como verdadera forma de sabiduría.
La periodista Anny Chavarría le planteó una pregunta que parecía sencilla, pero que terminó abriendo la puerta a una profunda reflexión, y lo invitó a recordar un momento difícil de su juventud y a pensar qué consejo le daría el Abelardo de hoy, con la experiencia y la serenidad que lo caracterizan.
“Siento que estoy en el mejor momento de mi vida, ¿sabes? en el mejor momento físico, mental, espiritual, de inteligencia emocional”, contestó.
Reconoce que, en su juventud, su temperamento estaba marcado por la explosividad y la confrontación inmediata. “Simplemente sería un poco más calmado, no sería tan explosivo como el Abelardo joven que era súper explosivo. Antes me decían alguna vaina” e invitaba al que fuera a darnos una ‘trompada’.
Ese cambio personal lo ha llevado a una conclusión que considera fundamental al asegurar que “la inteligencia emocional es la verdadera inteligencia y cuando uno logra dominarse a sí mismo, cuando logra dominar sus pasiones, puede hacer lo que sea en la vida”.
Para De La Espriella, el poder real no está en la fuerza bruta ni en la reacción desmedida, sino en la capacidad de dominarse y actuar con claridad en medio de la tormenta.
El abogado y líder político entiende que la mente puede convertirse en una aliada o en una enemiga y de ahí que destaque la necesidad de escuchar solo aquello que alimenta la confianza y la determinación.
“Estoy en otro nivel de entendimiento, voy para adelante y solamente escucho lo bueno que me dice mi cerebro, no escucho nada de lo malo, yo sigo adelante”.
Este aprendizaje se proyecta como un mensaje que puede inspirar a otros, la evolución de un joven explosivo a un hombre sereno y enfocado marca un contraste que resulta inspirador.
Si cada ciudadano lograra fortalecer su inteligencia emocional, no solo la vida individual sería más plena sino que también el clima social estaría marcado por un espíritu de serenidad y construcción en lugar de hostilidad y división.
La historia de Abelardo De La Espriella es también la de todos aquellos que aprenden a escuchar su propia voz y a no dejarse arrastrar por el ruido de la mente ni por los impulsos del pasado.
Dominarse a sí mismo es quizás la más difícil de las batallas, pero también la más liberadora, y cuando ese dominio se alcanza, la vida se convierte en un terreno fértil para los sueños y para la esperanza.
Porque crecer no es solo envejecer, es aprender a vivir con más calma, más fortaleza y más claridad en cada paso.