En medio de una contienda política caracterizada por el ruido mediático, las críticas cruzadas y lo que a menudo se denomina “fuego amigo”, el precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, ha definido su postura con una serenidad que contrasta con la agitación del entorno.
Para el abogado y líder político, la clave de su resistencia y de su avance constante en las encuestas radica en una premisa fundamental: tener absoluta claridad sobre quién es el verdadero adversario y cuál es el propósito superior de su aspiración.
De La Espriella ha sido enfático en señalar que no perderá tiempo ni energía en disputas menores o en responder a detractores que surgen desde orillas distintas a la del gobierno actual. “Cuando tú tienes claro que el enemigo no es quien te ataca de este lado, sino Petro y su heredero que se quieren quedar en el poder, tú estás tranquilo”, asegura el precandidato.
Esta declaración no sólo define su estrategia electoral, sino que revela una disciplina mental enfocada en un objetivo existencial para la democracia colombiana: evitar la perpetuación de un modelo que, a su juicio, ha deteriorado la institucionalidad y la seguridad del país.
Patriotismo, autenticidad y la mano de Dios
Esta tranquilidad también proviene de una dimensión espiritual y de una confianza en el carácter popular de su movimiento. El líder se refiere a su campaña y al fenómeno ciudadano que lo acompaña como la ‘tigreneta’, un proyecto que, según sus propias palabras, ha puesto en manos de la providencia.
“Cuando has dejado que la conducción de este proyecto, de este fenómeno popular, lo lleve Dios, tú estás tranquilo”, afirma. Esta convicción le permite navegar las turbulencias de la política con la certeza de que su vida ha sido transparente, basada en el trabajo y sin nada que ocultar, lo que le otorga una armadura moral frente a los intentos de deslegitimación.
La decisión de Abelardo De La Espriella de ingresar a la arena política no fue un cálculo de conveniencia, sino un acto de sacrificio personal motivado por el patriotismo. El precandidato presidencial reconoce abiertamente que estaba dispuesto a dejar atrás una vida de comodidades, tranquilidad y éxito empresarial para “hacerse moler por Colombia”.
Sin embargo, lejos de ver esto como un martirio, lo experimenta como una vocación revitalizante. “El patriotismo exacerba lo mejor porque en mí ha sacado lo mejor. Yo dejé todas las comodidades por venirme acá y no lo padezco, no lo sufro. Me estoy divirtiendo, me gusta, me encanta el contacto con la gente”, confiesa el líder de Defensores de la Patria.
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No obstante, este camino no está exento de peligros reales. De La Espriella es consciente de las amenazas que se ciernen sobre él, provenientes de grupos al margen de la ley como el ELN, que recientemente ha vuelto a amenazarlo.
A pesar de que estas circunstancias limitan su capacidad de moverse libremente y saludar a la gente en las calles como quisiera, su determinación permanece intacta. “Yo sigo para adelante, hermano. Con la ayuda de Dios y el apoyo de mis compatriotas, vamos a salvar y a reconstruir a Colombia”, sentencia con firmeza.
Esta postura inquebrantable también se refleja en su respuesta a las críticas sobre su estilo de vida y su carácter. De La Espriella ha sido blanco de lo que él denomina un “estúpido clasismo”, cuestionado por ser un outsider o por su supuesta ostentación. Su respuesta es una defensa de la autenticidad radical. El precandidato sostiene que no le interesa encajar en los moldes de lo “políticamente correcto”, una etiqueta que a menudo esconde hipocresía. “Yo prefiero ser odiado por lo que soy, que querido por lo que no soy”, sostiene.
Para el líder de Defensores de la Patria, lo que ofrece al electorado es transparencia: la garantía de que el hombre que ven en público es el mismo en privado, un líder que no necesita disfraces de humildad fingida para conectar con el pueblo, porque la conexión real nace de la verdad y del propósito compartido de rescatar a la nación. Con el objetivo claro y la conciencia tranquila, De La Espriella avanza, convencido de que los ataques secundarios son irrelevantes frente a la magnitud de la misión histórica que ha asumido.
Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.