Para Abelardo De La Espriella, precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, la actual política de orden público del Gobierno Nacional no es un intento fallido de pacificación sino el cumplimiento estricto de un acuerdo oscuro gestado antes de las elecciones: el ‘Pacto de la Picota’.
Según el abogado y líder político, lo que hoy se vende bajo el nombre de ‘Paz Total’ es, en realidad, la materialización de compromisos adquiridos con jefes criminales para desmantelar la capacidad operativa de la Fuerza Pública y frenar la extradición.
De La Espriella ha sido enfático en recordar los hechos que rodearon la campaña electoral pasada, específicamente las visitas de Juan Fernando Petro, hermano del actual presidente, a los centros penitenciarios. “El pacto de la Picota, así se le llama a esa acción que hizo Juan Fernando Petro… reunirse con todos esos jefes criminales para decirles que si Gustavo Petro ganaba las elecciones, iba a haber un proceso de paz”, explicó el precandidato. Para él, la consecuencia directa de esas reuniones es la realidad que hoy vive Colombia: una “claudicación del Estado” frente a los ilegales.
El análisis del precandidato sugiere que la estrategia gubernamental ha consistido en ofrecer beneficios judiciales y territoriales a cambio de apoyo político. “Consistió en nombrar gestores de paz a muchísimos de esos delincuentes, incluso al custodio de Íngrid Betancourt, que la torturó”, denunció De La Espriella, señalando la indignación que produce ver a criminales activos investidos con ropajes de legalidad mientras siguen delinquiendo.
La tesis del líder de Defensores de la Patria es que este pacto tiene como propósito final entregar el control de regiones enteras a las mafias para que estas puedan “dirigir la voluntad popular” a favor del régimen en futuros comicios.
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La Pax Romana: El fin de los falsos procesos de paz
Frente a este panorama, la propuesta de Abelardo De La Espriella es un giro de 180 grados en la doctrina de seguridad. Basándose en la experiencia empírica, el precandidato sostiene que los procesos de negociación política con grupos criminales en Colombia han sido un fracaso sistemático.
“Se desmovilizó una Farc y hoy hay cinco”, argumenta, refiriéndose a la proliferación de disidencias como la Segunda Marquetalia y el Estado Mayor Central. Para De La Espriella, la negociación no mató a la “culebra”, sino que la alimentó, resultando en más violencia y más narcotráfico.
“En mi gobierno se acaban los falsos procesos de paz y se impone el orden y la ley”, sentencia el líder. Su modelo, al que ha denominado la Pax Romana, se fundamenta en la premisa de que la paz verdadera solo se consigue a través de la superioridad de la fuerza legítima del Estado y el imperio de la ley. No se trata de mesas de diálogo interminables, sino de una disyuntiva clara para quien vive al margen de la ley: el sometimiento a la justicia o la confrontación con toda la contundencia de la República.
El precandidato presidencial aclara que esta política de “mano de hierro” no es arbitraria, sino que se apega estrictamente al Estado de derecho.
“Bandido que no se someta debe ser dado de baja, como en derecho corresponde”, afirma, subrayando que la Fuerza Pública debe recuperar su capacidad ofensiva para proteger a los ciudadanos. Y para aquellos que decidan someterse, la oferta no es la impunidad ni las curules en el Congreso, sino una “cárcel de verdad”, lo suficientemente fuerte y austera para que paguen su deuda con la sociedad.
De La Espriella pone como único ejemplo de éxito el proceso con las autodefensas durante el gobierno de Álvaro Uribe, el cual califica más como un sometimiento que como una negociación política, dado que resultó en extradiciones masivas, cárcel y extinción de dominio.
Bajo su liderazgo, Defensores de la Patria promete restaurar la seguridad física y jurídica, eliminando cualquier vestigio del ‘Pacto de la Picota’ y devolviendo la tranquilidad a los colombianos mediante la autoridad y la justicia.
Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.