Febrero 24, 2026. 01:30 p.m. En una reflexión profunda sobre el fenómeno político que atraviesa Colombia, Abelardo De La Espriella, candidato presidencial y líder del movimiento Defensores de la Patria, ha ofrecido una lectura distinta del respaldo que hoy mantienen ciertos sectores políticos. Lejos de atribuirlo a la aprobación de las gestiones gubernamentales, De La Espriella señala una causa más humana y compleja: el dolor acumulado de generaciones de colombianos a quienes ningún gobierno les ha cumplido.
El candidato de Defensores de la Patria se refiere específicamente al apoyo que aún conservan figuras como Iván Cepeda, a pesar del desastroso panorama en seguridad, economía y salud que, según su análisis, ha dejado el gobierno actual. “La pregunta es, ¿por qué esas personas que tienen todo el derecho a estar con ellos, ni más faltaba, están apoyándoles a pesar de lo que ha pasado?”, plantea De La Espriella, para luego responder con una palabra que resume décadas de frustración: dolor.
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Un dolor que trasciende gobiernos
Para el líder de Defensores de la Patria, este sentimiento no es producto exclusivo de la administración Petro. Se trata de una herida más antigua, que viene gestándose por años de incumplimientos sistemáticos por parte de distintos gobiernos. “Hay que decirlo, no solamente le ha incumplido a esas personas este gobierno, también otros gobiernos que han generado ese dolor y ese resentimiento”, afirma con honestidad poco común en el debate político.
Esta lectura implica reconocer que el descontento social no es un fenómeno reciente ni atribuible a una sola causa o administración. Es la acumulación de promesas rotas, de esperanzas frustradas, de necesidades básicas insatisfechas generación tras generación. Ese dolor, según De La Espriella, explica que sectores populares continúen apoyando a quienes, paradójicamente, han estado en el poder o cerca de él mientras las condiciones de vida empeoraban.
La cura: hechos, no discursos
Frente a este diagnóstico, el candidato presidencial propone un enfoque radicalmente distinto al que ha predominado en la política colombiana. “Yo quiero ayudar a sanar ese dolor, pero eso no se sana con discursos chimbos y peroratas interminables, eso se sana con hechos”, sentencia con la contundencia que lo caracteriza.
De La Espriella asume como una obligación legal, constitucional y moral la tarea de unir al pueblo colombiano. Pero advierte que esa unidad no se logrará mediante retórica vacía ni con promesas que luego serán olvidadas. La única vía para cerrar las heridas es el cumplimiento efectivo de lo que se ofrece, la materialización de soluciones concretas a los problemas que aquejan a la población.
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Presidente de todos, también de quienes voten por otros
En un gesto que trasciende la lógica de la polarización, Abelardo De La Espriella deja claro que su eventual gobierno no será solo para quienes lo apoyan electoralmente. “Yo voy a ser presidente también de los que voten por Cepeda”, asegura, desmarcándose de la tendencia a gobernar para las bases propias y olvidar al resto del país.
Su propuesta es tan simple como ambiciosa: traer a esos colombianos decepcionados “a la manada del tigre”, no mediante engaños ni propaganda, sino cumpliéndoles aquello que ningún gobierno les ha cumplido. “Los voy a traer a la manada del tigre cumpliéndoles lo que no le cumplió ni Petro ni otros gobiernos”, enfatiza.
Esta promesa de cumplimiento, desprovista de la demagogia habitual, busca atacar la raíz del problema: la desconfianza ciudadana hacia las instituciones y los liderazgos políticos. Si hay una deuda social acumulada, si hay un dolor que no cesa, es precisamente porque las soluciones nunca llegaron.
Un llamado a la acción
Consciente de que el camino para sanar el país requiere del concurso de todos, Abelardo De La Espriella convoca a los colombianos a sumarse a este proyecto de reconstrucción nacional basado en hechos, no en palabras. “Invitamos a todos los ciudadanos, especialmente a aquellos que han sido víctimas del incumplimiento sistemático de los gobiernos a unirse a Defensores de la Patria. Juntos podemos construir una Colombia donde las promesas se cumplan, donde el dolor se transforme en esperanza y donde la unidad sea el resultado de hechos concretos, no de discursos vacíos”. La oportunidad de sanar las heridas está al alcance, pero requiere de un liderazgo comprometido con la verdad y la acción.