10 de enero de 2026, 05:55 pm
En la carrera por la Presidencia no todo se juega en plazas públicas ni en debates televisados. Hay una dimensión silenciosa, pero decisiva, que sostiene cualquier proyecto político de largo aliento y es el respaldo de quienes están cuando no hay micrófonos encendidos. Para Abelardo De La Espriella, esa base tiene nombre propio: su familia y sus amigos más cercanos.
Durante su conversación con Laura Acuña, el precandidato se apartó por un momento del discurso político para hablar de aquello que, según él, marca la diferencia en los momentos complejos: saber con quién se cuenta de verdad.
La familia, primera línea de batalla
Abelardo relató que sus hermanos no han sido espectadores pasivos de la campaña. Indicó que sus hermano mayor, Abelardo Tero, tiene 51 años. Él, que es el segundo, tiene 47, y su hermana María del Mar, que es la menor, tiene 42 y que explicó que no solo están unidos por la edad, sino por la convicción.
“Están de frente en la campaña. Están recogiendo firmas, están camellando por todos lados”, contó. Para él, ese acompañamiento confirma una verdad elemental: “Ahí es donde uno se da cuenta que si cuenta con alguien, cuenta con la familia”.
No se trata de una imagen simbólica. Es trabajo en la calle, logística, presencia constante y respaldo sin condiciones.
Más allá del núcleo familiar, Abelardo destacó el papel de sus amigos, a quienes definió como un apoyo sólido y permanente. “Yo no puedo quejarme, tengo unos amigos extraordinarios”, enfatizó.
Según contó, lejos de encontrar distancias o reservas frente a su decisión de entrar en la contienda presidencial, ha recibido todo lo contrario: “La gente ha sido supremamente generosa conmigo, ha sido supremamente querida”.
El líder del movimiento Defensores de la Patria, en esta carrera a la presidencia ha sido enfático en la importancia de la familia y lo que para él representa dejar un legado para sus hijos. “Un país donde los niños puedan crecer sin miedo”.
Respaldo que no se compra ni se ordena
En un escenario político donde muchas adhesiones se construyen con cálculo o conveniencia, Abelardo insistió en que lo que ha vivido no responde a ese patrón. “Yo no he recibido sino respaldo, cariño y apoyo de la gente que me rodea, de los amigos y de la familia”, afirmó.
La familia y los amigos no aparecen como figuras decorativas, sino como parte activa del camino. Y en un proceso tan exigente como una campaña presidencial, ese respaldo —sincero y constante— puede ser tan determinante como cualquier discurso.
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