13 de febrero de 2026.
Cuando un gobierno impone aranceles, el titular suele hablar de diplomacia, tensiones bilaterales o respuestas políticas. Pero en la práctica, quien paga la factura no es el presidente de turno. La paga el empresario que exporta, el productor que pierde mercado y el trabajador cuya empresa deja de vender.
Esa es la tesis que planteó el candidato presidencial Abelardo De La Espriella frente a las medidas adoptadas por el presidente ecuatoriano Daniel Noboa contra productos colombianos. Para el candidato, los aranceles no golpean al Gobierno colombiano: golpean directamente al sector privado y, por extensión, al pueblo.
Noboa, se pronunció en redes sociales el pasado 21 de enero: “Hemos hecho esfuerzos reales de cooperación con Colombia, incluso con un déficit comercial que supera los 1000 millones de dólares anuales. Pero mientras hemos insistido en el diálogo, nuestros militares siguen enfrentando a grupos criminales atados al narcotráfico en la frontera sin cooperación alguna”.
De La Espriella fue enfático, si existe un desacuerdo entre gobiernos, debe tramitarse en el plano diplomático. Convertirlo en una medida comercial tiene consecuencias concretas sobre cadenas productivas, contratos y empleos.
Ecuador es un socio comercial relevante para Colombia. La relación bilateral incluye exportaciones de alimentos, manufacturas, textiles, insumos industriales y bienes intermedios. Cuando se incrementan aranceles, el impacto inmediato es la pérdida de competitividad de los productos colombianos en ese mercado.
Eso se traduce en menos ventas, menor flujo de caja y, en muchos casos, reducción de inversión o de empleo.
El empresario no es el adversario
El punto central del planteamiento es político y económico al mismo tiempo: el empresario no es el enemigo del conflicto. Si hay diferencias entre gobiernos, no deberían resolverse castigando al sector productivo.
Un arancel adicional encarece el producto colombiano frente a competidores de otros países. La empresa ecuatoriana que antes importaba desde Colombia puede buscar alternativas. El comprador cambia de proveedor. El mercado se mueve rápido.
“La medida arancelaria, anunciada de forma sorpresiva, responde a las políticas del presidente ecuatoriano por la espiral de violencia generada por grupos narcotraficantes, impulsada por el auge de esa región como ruta de tráfico de drogas, que sufre el país vecino al menos desde 2022”, analizó La Silla Vacía
Y una vez que se pierde participación, recuperarla no es automático.
El efecto dominó sobre la economía
Más allá de la tensión puntual, las medidas proteccionistas generan incertidumbre. Las empresas que exportan necesitan estabilidad para planear producción, logística y precios. Cuando los aranceles se convierten en herramienta de presión política, el riesgo país aumenta en la percepción de los inversionistas.
La postura de De La Espriella apunta a un principio: los desacuerdos entre gobiernos no deben traducirse en castigos económicos al sector privado. Las diferencias se debaten en la mesa diplomática; el comercio debe protegerse.
Porque cuando se afectan exportaciones y mercados, no se castiga a un presidente. Se golpea a quienes producen, invierten y generan empleo.
Y esos, al final, son los que sostienen la economía.
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