La autoridad innegociable: la Pax Romana y el fin del diálogo con el bandido

La paz no es el resultado de un diálogo infructuoso; es una condición que se impone con la fuerza de las armas y las leyes de la República. Abelardo De La Espriella ha sostenido una posición coherente por más de una década: él cree en la ‘Pax Romana’, el único modelo que ha demostrado ser eficaz históricamente para lograr el sometimiento incondicional de los violentos.

Frente a la debilidad institucional que ha permitido que terroristas y criminales de lesa humanidad (los bandidos de la Farc) ocupen curules en el Congreso, mientras el hombre que más ha hecho por Colombia (Álvaro Uribe) está preso, la única respuesta es la autoridad innegociable.

La paz no se negocia, se impone

Abelardo, líder de Defensores de la Patria,  rechaza categóricamente la política actual de diálogo. La experiencia empírica ha demostrado que negociar con los bandidos ha sido un fracaso total y una “payasada”.

Procesos como la ‘Paz Total’ resultaron ser una cosa sin valor. El proceso anterior resultó en que criminales obtuvieran curules, y que surgieran “cuatro o cinco grupos más de las Farc” tras la desmovilización.

El ejemplo de sometimiento exitoso fue el proceso con los paramilitares llevado a cabo por el expresidente Uribe, donde fueron “arrodillados, encarcelados y extraditados”, sin que el Estado se plegara a sus exigencias. La Pax Romana implica el sometimiento incondicional.

La paz impuesta se basa en un principio de justicia elemental: los derechos de los ciudadanos de bien están estratificados por encima de los derechos de los delincuentes.

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La estrategia de la mano de hierro y la ley

La imposición de la paz se llevará a cabo con la “mano de hierro” del Estado, actuando siempre dentro del marco constitucional y legal. Esto exige una estrategia operativa sin titubeos:

El delincuente que se someta deberá ser encarcelado en un establecimiento lo suficientemente fuerte como para que pague su deuda con la justicia. Quien no se someta, debe ser “dado de baja” (neutralizado) como lo manda la ley.

El diferencial en la guerra contra el crimen está en el aire. Por ello, se debe iniciar la aspersión aérea o fumigación de las miles de hectáreas de coca que financian todas las formas de violencia. Además, se bombardearán los campamentos guerrilleros/narcoterroristas.

Para la imposición de la paz, se aplicará la Seguridad Democrática “remasterizada 2.0”, dotando a las Fuerzas Armadas de tecnología de última generación. Esto se logrará con una alianza militar estratégica con los Estados Unidos y el Estado de Israel, socios esenciales para obtener drones e inteligencia artificial.

La justicia le falló a Colombia al conceder impunidad a los traidores. La única solución es imponer la paz con la fuerza de la ley y las armas, garantizando que el sometimiento de los bandidos sea total e incondicional.

Súmate al ejército de Defensores de la Patria y trabajemos juntos por una Colombia más segura, próspera y justa.

¡Firmes por la Patria!



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