Marzo 3 de 2026
En el corazón de Campuslands, en Bucaramanga, un espacio que respira innovación y futuro, se sintió la energía de la juventud, esa que no para de soñar, proyectarse, pero especialmente retarse. En este escenario se vivió un diálogo que rompió esquemas al darle a la juventud un intercambio de ideas que llevó a plantear algo que el sistema tradicional omite: la importancia de la libertad financiera.
Este concepto que el candidato presidencial Abelardo De La Espriella ha mencionado como una herramienta definitiva para edificar lo que él denomina la Patria Milagro se convirtió en motor de la conversación basado en las posibilidades que tiene el talento joven, liberado de ataduras burocráticas para emprender, hacer empresa y aportar al desarrollo socioeconómico del país desde sus mismas apuestas personales.
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Talento potenciado más allá de los cartones
Para Abelardo, la verdadera libertad financiera comienza cuando la gente comienza a generar valor a la sociedad: “Yo quiero una juventud que tenga libertad, y la verdadera libertad, es la libertad económica, es decir, a mí no me interesan muchachos llenos de cartones y de reconocimientos académicos, me interesa que produzcan”.
Este planteamiento es fundamental para el candidato, ya que él mismo ha comentado que en los sueños de la juventud está la realidad de la gente. Dentro de su misma historia él ha destacado que soñó con tener una empresa de abogados grande y lo logró, posteriormente sabía que quería ampliar su portafolio de negocios a otros sectores y lo hizo. Así que saber que él alcanzó sus metas, y desde la humildad que lo caracteriza, confía que todos pueden hacerlo “se necesita un 10 % de talento y un 90 % de disciplina”. Para el candidato hay que formarse en nuevas competencias y lograr la inserción al mercado laboral.
Su postura no es un rechazo a la educación, por el contrario, quiere llevarla a cada rincón de Colombia a través de una conectividad eficiente que permita una educación inclusiva; donde los estudiantes no deserten por falta de dinero para trasladarse a otra ciudad o tomar un transporte. Por el contrario, es una invitación urgente a repensar y con la oportunidad de que cada joven defina su vocación para hacer lo que le apasiona, garantizando que con ganas y empuje llegue la generación de ingresos.
“La gente tiene que ser productiva ¿qué es lo que más se requiere hoy en el mercado laboral en el mundo? Tecnología, desarrollo, innovación, inteligencia artificial”. Hay que pensarse cómo tener más talentos en este campo y así lograr jóvenes más preparados para construir un país más competitivo. En un país donde muchos jóvenes se sienten atrapados entre el desempleo, la informalidad y un sistema que premia la mediocridad, Abelardo ofrece una ruta concreta: tecnología, emprendimiento y confianza plena en el talento nacional.
Con su estilo carismático y sin rodeos, Abelardo planteó una premisa poderosa: “Los seres humanos estamos diseñados y creados por Dios con unas habilidades impresionantes”, por eso no hay que encasillar a la gente sino darle las herramientas que los lleven hasta donde quieran llegar. Esa frase resume su apuesta por la juventud: no más políticas que limiten, sino garantías reales para que cada joven pueda desarrollar sus habilidades múltiples.
¿Y si hay habilidades múltiples desarrolladas en la juventud, si existen las vocaciones potenciadas, si se logra una conectividad que logre que todos tengan acceso a la educación, no estaríamos hablando de una ‘Patria Milagro’? Por supuesto que sí. De La Espriella ha tenido firmeza en cada una de sus posturas y esta no es la excepción. Por ello, sabe que para los jóvenes este país se transformará con garantías para emprender sin miedo, facturar de forma justa, crear empresas y vivir con dignidad sin depender del Estado.
La juventud colombiana ya no quiere esperar. Quiere actuar, producir y vivir con dignidad. Abelardo De La Espriella les ofrece exactamente eso: un camino de libertad financiera real, donde el talento deje de ser reprimido y se convierta en la fuerza que levante la Patria Milagro.
¡Firmes por la Patria!