Firmeza que protege y compasión que impulsa, la fórmula de Abelardo De La Espriella

Por: Redacción Defensores de la Patria

Hay preguntas que parecen sencillas y sin embargo tocan la médula de un proyecto de país, como por ejemplo, ¿cómo se hace el balance entre firmeza y compasión?.

La respuesta de Abelardo De La Espriella, precandidato a la presidencia de Colombia, fue: “Tú tienes que ser determinado y firme para todo lo que haces”. De inmediato marca el norte ético para que esa determinación no se convierta en abuso. Si la justicia es el derrotero, cada cual recibe lo que merece. Entonces, “a los bandidos les dejas caer el peso de la ley y de las armas del Estado” y “a la gente de bien la abrazas y la proteges”.

La escena imaginaria podría ser la de una balanza en movimiento: de un lado, la ley que no tiembla ante el delito y del otro, la cercanía que comprende al ciudadano de a pie, al pequeño empresario, al estudiante, al trabajador. 

Entre ambos platillos se mueve el pulso de un liderazgo que no confunde autoridad con crueldad ni compasión con permisividad. 

La firmeza se traduce en Estado que investiga, captura y sanciona sin distingos, que respalda a su fuerza pública con reglas claras y controles efectivos, que desarma al criminal con leyes que se cumplen. 

La compasión se vuelve política pública que facilita crédito, destraba trámites, acompaña a quien quiere producir, cuida a la infancia, ampara a la vejez y abre puertas a la educación.

El planteamiento también es una respuesta a una vieja distorsión que tanto daño ha hecho. 

Hay quienes predican mano de hierro como si bastara apretar para que todo funcione y otros confunden empatía con tolerancia al delito y llaman “conflicto social” al asalto que deja familias en duelo. 

La síntesis que propone De La Espriella se adapta a la vida real al decir en repetidas oportunidades que el país necesita que la policía llegue a tiempo y que los jueces decidan con rigor, pero igual de urgente es un gobierno que quite piedras del camino a quien quiere emplear, sembrar, exportar, crear. 

Hay un detalle que importa y eleva el debate y es que cuando Abelardo dice que a la “gente de bien” se la abraza, no está prometiendo privilegios sino un trato digno. 

Lejos de escoger favoritos, se trata de establecer una regla simple y es que el que delinque enfrenta consecuencias y el que trabaja y cuida a los suyos encuentra en el Estado un aliado

Esa distinción, obvia en el papel, se ha ido diluyendo en la confusión de discursos que romantizan al victimario y olvidan a la víctima, y recuperarla no es un gesto de dureza gratuita, es más una invitación a reconstruir confianza. 

El gobierno que entienda el equilibrio entre firmeza y compasión puede mirar a los ojos a su gente y decirle sin vacilaciones que sí es posible vivir sin miedo y progresar con orgullo.

Como lo hará Abelardo De La Espriella desde el día uno cuando asuma las riendas de Colombia, pero para que eso suceda necesitamos de más compatriotas como tú que estén dispuestos a salvar a nuestra amada nación del discurso de izquierda que quiere imponerse en nuestra sociedad.

Únete al movimiento patriótico más grande del país y juntos luchemos por un futuro mejor.

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