Pocos temas han sido tan manipulados como el del caso Alex Saab, y pocos abogados han tenido que cargar con tanta calumnia por ejercer su oficio con rigor. Durante años, una fábula política y mediática intentó mezclar los hechos con el veneno del rumor.
Hoy, el precandidato presidencial Abelardo De La Espriella vuelve a poner las cosas en su sitio —con nombres, fechas y pruebas— y deja claro algo que los documentos ya habían confirmado: nunca existió relación alguna con el régimen venezolano, más allá del ejercicio profesional legítimo entre abogado y cliente.
La historia completa, sin edición ni artificios
Hace una década, un empresario barranquillero pidió cita en su despacho. Era Alex Saab. Se presentó con naturalidad y buscó asesoría en temas empresariales y jurídicos dentro de Colombia.
De La Espriella lo atendió como a cualquier otro cliente que acude a un bufete: con profesionalismo, sin amistad, sin política. Pero con el paso de los años, el nombre de Saab se volvió sinónimo de escándalo internacional, y los enemigos del Tigre vieron una oportunidad de oro para inventar una narrativa falsa: convertir a un abogado en cómplice del cliente.
Lo que no contaron fue lo esencial: que cuando Abelardo supo de las conexiones de Saab con el régimen de Maduro, fue el primero en advertirle y en aconsejarle cooperar con las agencias estadounidenses.
Hubo reuniones —documentadas por la CIA, la DEA y la NCA— y un esfuerzo por persuadirlo a entregar información. Pero Saab eligió el camino opuesto. Ahí terminó la relación profesional.
Desde entonces, no ha habido contacto alguno.
El abogado no es el cliente
La ignorancia jurídica de algunos sectores llevó a confundir lo básico: defender no es compartir.
Como lo explicó el propio De La Espriella: “Yo no fui su socio ni su confidente; fui su abogado. Como el médico no es el paciente, el abogado no es el delito”.
Y si el ejemplo local no basta, la historia universal lo respalda: John Adams, segundo presidente de Estados Unidos, fue el abogado defensor de los marines británicos responsables de la masacre de Boston.
Lo hizo por convicción en la justicia, no por simpatía hacia la corona. Ese es el rol del derecho: garantizar que incluso el acusado tenga defensa.
La coherencia de siempre
Mientras algunos fabrican titulares, Abelardo mantiene su posición firme: enemigo declarado del régimen chavista y defensor del Estado de Derecho. Desde su libro Muerte al tirano hasta sus columnas y entrevistas, su voz ha sido una constante denuncia contra la dictadura venezolana y la corrupción que exporta.
Quien hoy pretende sembrar dudas, lo hace con mala fe o con desconocimiento. Los hechos —y la historia— le dan la razón: nunca hubo complicidad, hubo deber. Nunca hubo silencio, hubo advertencia.
La justicia no se contamina cuando un abogado cumple su función. Por el contrario, se fortalece. Y eso, en un país donde muchos confunden el ruido con la verdad, es un acto de valentía.
También te puede interesar: La Fuerza Volcánica: el defensor que no vino a fingir ni a pedir permiso
Súmate como Defensor de la Patria en: unete.defensoresdelapatria.com