Por: Álvaro Ramírez González
“RECORDANDOLE A VICKY DÁVILA CUANDO ERA UN SER MORTAL”
Señora Vicky Dávila:
Cero y van dos.
Sinceramente, uno no se imagina que de una persona tan inteligente como usted saliera un ataque tan ligero contra Abelardo de la Espriella. Nadie le está pidiendo que lo apoye, pero de ahí a salir a atacarlo con ese discurso, ya es otro nivel. ¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Al canibalismo entre quienes decimos estar del mismo lado?
Usted lo critica porque en su ejercicio profesional ha defendido a personas cuestionadas. Pero yo le pregunto: ¿desde cuándo un abogado está obligado a escoger entre inocentes y culpables? La Constitución y el Código Penal son claros: toda persona, por más reprochable que sea su delito, tiene derecho a la defensa. Eso es el Estado de derecho, ni más ni menos.
Y hay que decirlo: en el derecho, un mal procedimiento puede determinar si alguien resulta inocente o culpable, independientemente de la realidad de los hechos. No es ni el abogado ni la sociedad quien lo define, es el juez quien decide. Y si fuera como usted plantea, que un abogado solo debe defender inocentes, habría que recordar que incluso un inocente puede terminar en la cárcel por una mala defensa.
Ejemplos hay de sobra. Mire la figura del indulto. Se le ha otorgado a miles de personas en Colombia, incluso al presidente Petro. El país entero sabe lo que fue, sabe lo que hizo, y aun así recibió un perdón constitucional. Jurídicamente, quedó limpio. ¿Por qué? Porque así funciona la democracia y el Estado de derecho: existen figuras jurídicas que nos gusten o no, forman parte del marco legal.
O mire el caso del asesino de Miguel Uribe, a quien todos vimos en video cometiendo el crimen. Ese hombre también tuvo abogado defensor. ¿O es que vamos a decidir en Colombia que solo el que consideremos decente merece defensa? Eso sería desconocer el núcleo mismo de la justicia.
Ahora bien, yo no olvido, señora Vicky, que fue usted misma quien le dio visibilidad a Gustavo Petro. Bastante que le lavó la cara mostrándolo como un padre ejemplar, como un esposo maravilloso, y hasta decía con él “vamos a ganar”. Y nadie la cuestionó por eso. Nadie salió a acusarla de haber hecho propaganda. ¿Por qué? Porque se entendió que estaba actuando en el marco de su profesión y en el cargo que ocupaba en el medio en el que trabajaba. ¿Entonces por qué sí pretende cuestionar a Abelardo, que también actúa en el marco de su profesión?
Y hay un hecho que no se puede pasar por alto: Abelardo no tiene ninguna sanción, ningún escándalo, ningún proceso. Su hoja de vida está limpia. Es más: usted debería recordar que él mismo defendió a su esposo en un proceso judicial. Defendió al padre de sus hijos. ¿O eso ya se le olvidó?
Y aquí volvemos al mismo punto: ¿qué tal que a usted la cuestionáramos por estar casada con un apellido que en el Cesar ha sido duramente señalado, un apellido que ha tenido sombras? Sabemos que usted nada tiene que ver con eso, y por lo mismo sería injusto juzgarla a usted por los cuestionamientos hacia su familia política. Entonces, ¿por qué lo hace usted con Abelardo, sabiendo que lo único que ha hecho es ejercer su profesión con éxito y dentro de la legalidad?
Y otro punto, señora Vicky: que Abelardo de la Espriella, por su talento y éxito profesional, tenga una tarifa alta, no lo convierte en culpable de nada. Al contrario: demuestra que es bueno en lo que hace, que quienes pueden pagarle lo buscan porque confían en su capacidad. Enriquecerse con el fruto del mérito no es delito, es mérito. Esa insinuación suya, la de que ha vivido de delincuentes, es un error garrafal.
Acusar a Abelardo de eso es desconocer la esencia misma de la abogacía. Él cumple con su función: garantizar la defensa técnica, incluso al peor criminal, porque de eso depende que no caigamos en la arbitrariedad del Estado. No se trata de ética de ocasión, como usted lo plantea, se trata de respetar la ley.
Con todo respeto, señora Vicky, me parece que usted está actuando fuera de contexto. Y peor aún, se victimiza diciendo que jamás ha recibido dinero de bandidos. Nadie lo ha puesto en duda. Pero eso no le da derecho a descalificar el ejercicio legítimo de otro profesional. Esa narrativa de “yo soy decente y el otro no” no construye, solo divide.
Y lo más grave: con todo y eso, usted aspira a ser gobernante de este país, desconociendo el Estado de derecho y los derechos mismos de quienes ejercen profesiones como la abogacía. ¡Qué peligro tan grande sería poner en manos de alguien con ese pensamiento la conducción de Colombia!
Y pareciera, señora Vicky, que esta reacción suya, esta cadena de ataques, no obedece a un análisis jurídico ni ético, sino a un sentimiento de derrota. Porque mientras Abelardo crece en las encuestas, mientras obtiene resultados que pocos esperaban, usted responde con ataques personales. Esa es la señal más clara de que el liderazgo de Abelardo empieza a incomodar. Y cuando un discurso no logra competir con propuestas, se cae en la descalificación.
Además, nadie le está pidiendo a usted que lo apoye ni que se una a su proyecto político. Abelardo no lo necesita. Él no está mendigando respaldos ni buscando padrinos; su fuerza radica en la gente, en el fenómeno ciudadano que ha despertado. Lo único que se le pide es respeto, porque si se respeta el Estado de derecho, se entiende que un abogado tiene derecho a ejercer su profesión sin ser estigmatizado por ello.
Al final, Abelardo no está en campaña por usted, ni usted por él. Pero de ahí a pretender tacharlo de indigno, cuando lo único que ha hecho es ejercer una profesión reconocida y respetada por la ley, hay un abismo.”
Sobremesa
¿Será que, atacando de esa manera descomedida y bestial a Abelardo de la Espriella, Vicky va a subir de nuevo en las encuestas?
Claro que no
Cada que la veo, siento que estoy viendo a una buena periodista.
Pero el país no buscará en marzo y mayo un jefe de prensa
Vamos a elegir un estadista para que dirija la Nación.
¡Y ya vimos que Vicky no lo es!
alragonz@yahoo.es