02 de febrero de 2026.
El colapso del sistema de salud en Colombia no es una sorpresa ni un accidente. Es el resultado de años de decisiones mal tomadas, de ausencia de seguridad jurídica y de un manejo financiero irresponsable que terminó por ahogar a un modelo que, en su momento, sí funcionó. Para el candidato presidencial Abelardo De La Espriella, el error fue insistir en apagar incendios sin atreverse a enfrentar las causas reales del problema.
Por eso, su propuesta no empieza en el síntoma, sino en el origen: el desorden financiero generado por la falta de reglas claras y por la judicialización permanente del sistema.
El déficit no nació de la nada: nació del caos jurídico
Durante años, los planes obligatorios de salud fueron modificados sin una estructura financiera que los respaldara. Enfermedades y tratamientos que no hacían parte del programa original fueron incorporados vía fallos judiciales, tutelas y demandas, en un entorno donde la seguridad jurídica simplemente desapareció.
Al comienzo, el sistema parecía sostenerse. Las entidades prestadoras facturaban, los servicios se ampliaban y el costo se acumulaba. Pero el problema era inevitable: nadie estaba calculando cómo se iba a pagar todo eso. Hoy la consecuencia es clara: no hay recursos suficientes, los pagos no llegan y el sistema colapsó.
Ante este panorama, el candidato plantea una medida concreta y necesaria: una ley de punto final que permita auditar, depurar y cerrar las cuentas pendientes del sistema de salud.
No se trata de borrar responsabilidades ni de premiar malas prácticas. Se trata de saber exactamente cuánto se debe, a quién se le debe y bajo qué condiciones, para poder reconstruir el sistema sobre bases reales y no sobre cifras infladas o litigios interminables.
Sin ese cierre financiero, cualquier reforma es una ilusión.
Sin seguridad jurídica no hay sistema que resista
Uno de los ejes centrales de esta propuesta es devolverle al sistema de salud algo que hoy no tiene: reglas claras y estables. Cuando los jueces, las tutelas y las demandas sustituyen la planeación técnica, el sistema se vuelve inmanejable.
La salud no puede seguir siendo gobernada por decisiones fragmentadas. Necesita criterios técnicos, responsabilidad fiscal y límites claros, para que los derechos se garanticen sin destruir el modelo que los hace posibles.
Ir a las causas primeras, no a los efectos finales
El líder del movimiento Defensores de la Patria insiste en una idea clave: el problema financiero es la consecuencia, no la causa. Por eso su enfoque es transversal. No basta con inyectar dinero a un sistema roto; hay que cambiar la lógica que lo llevó al colapso.
Ese cambio empieza por reconocer que un país no se transforma sólo con decretos, sino con un cambio profundo de mentalidad, especialmente en prevención y educación.
Un sistema sostenible para la gente, no un experimento ideológico
La propuesta de salud de Abelardo De La Espriella no busca destruir lo que existe ni imponer modelos improvisados. Busca ordenar, estabilizar y hacer sostenible un sistema que hoy está al borde del colapso.
Ir a la raíz del problema, cerrar el desorden financiero, recuperar la seguridad jurídica y apostar por la prevención no es populismo. Es responsabilidad del Estado.
Porque sin un sistema de salud viable, no hay país que pueda organizar la casa ni construir futuro. Esa es la lógica de un gobierno de transición que piensa en Colombia, no en la próxima encuesta.
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