Abelardo De La Espriella: Petro destruyó hasta la moralidad del país, hay que recuperarla

Tenemos que recuperar la moralidad porque este es un gobierno que manda un terrible mensaje a la sociedad”, afirmó Abelardo De La Espriella en una de sus intervenciones al tiempo que lanzó una advertencia sobre el profundo deterioro de los valores en la vida nacional.

“A la patria se le defiende con ideas, con principios… o con la vida si es necesario”, sostuvo De La Espriella, en medio de un llamado a entender el liderazgo como ejemplo ético antes que como simple administración de cifras. 

Por ello resalta que él es “capaz de aplicar mano de hierro contra los criminales, incluidos los que se roban la plata pública”, precisamente porque el liderazgo exige un compromiso sin concesiones con la integridad.

La moralidad, entendida como la brújula que guía a los pueblos, es hoy un terreno erosionado por la desconfianza y el desencanto, cuando desde el poder se relativiza lo correcto, cuando la trampa se convierte en norma y la corrupción en paisaje, lo que en realidad se le está diciendo a cada ciudadano es que todo vale, que no importa el medio con tal de alcanzar el fin. 

Ese es el legado más peligroso que está dejando el actual gobierno, la normalización de la amoralidad como forma de gobernar.

Los escándalos que han sacudido la administración no son episodios aislados, sino señales de esa deriva. La lista es larga y en ella se encuentran desde hechos de corrupción hasta escándalos de la vida personal de altos funcionarios que impactan la esfera pública.

El primer remezón vino por cuenta de los conflictos entre el actual ministro del Interior Armando Benedetti y Laura Sarabia, quien para ese entonces era secretaria Privada de la Presidencia y luego pasó por varios cargos importantes del Estado envuelta en escándalos.

Para este caso, hubo filtración de audios en los que se habla de maletas llenas de dinero, viajes en las sombras, exámen de polígrafo practicado a la niñera  de Sarabia y el supuesto suicidio de un jefe de seguridad. Por este caso siguen las investigaciones abiertas. 

Luego apareció el escándalo de la corrupción de la UNGRD que tiene presos a funcionarios, congresistas y a Carlos Ramón González Merchán, exjefe del DAPRE y la DNI, con asilo en Nicaragua. Él, señalado por la Fiscalía de orquestar sobornos con contratos inflados. 

También hay un canciller que salió del cargo por el caso de los pasaportes que llevó a la suspensión y posterior destitución e inhabilidad por diez años del entonces ministro Álvaro Leyva. Los cargos están relacionados con irregularidades en la licitación. 

En medio de esta erosión de valores, también sobresale un episodio que profundiza el cuestionamiento a la moralidad del gobierno, y fue cuando durante una visita a Panamá, se hizo viral un supuesto video del  presidente Petro en el que camina de la mano con una mujer transgénero (no su esposa). 

El episodio, más allá de lo personal, se puede interpretar como un símbolo de la amoralidad institucional, una administración que relativiza los límites entre lo público y lo privado y que, en cabeza de su máxima autoridad, parece relegar los valores tradicionales al terreno del escándalo.

Y es que cuando el poder, que debería ser ejemplo, se mancha con el cinismo y la indolencia, ¿qué puede esperar la gente del común? De La Espriella insiste en que el verdadero liderazgo no se mide solo en obras materiales o en cifras económicas, sino en la capacidad de inspirar rectitud, responsabilidad y respeto por la verdad.

Colombia necesita recuperar esa moralidad que alguna vez fue el fundamento de sus luchas más nobles y recordar que la independencia no se logró con trampas, sino con sacrificio; que las grandes transformaciones sociales nacieron de la convicción de que el bien común estaba por encima de los intereses particulares. 

El desafío que plantea Abelardo De La Espriella es volver a poner la ética en el centro de la vida pública, no como un discurso vacío, sino como una práctica diaria que debe irradiar desde el gobierno hacia cada rincón de la sociedad

Este es también un llamado a recuperar la esperanza, mirar hacia adelante con la convicción de que no estamos condenados al caos, que la decencia puede volver a ser protagonista, que la palabra honor no es un recuerdo antiguo, sino una posibilidad viva

De La Espriella invita a creer que Colombia no está destinada a permanecer atrapada en la amoralidad que hoy la corroe, sino que está llamada a reconstruirse desde sus valores más profundos, y esa reconstrucción empieza en la decisión de cada ciudadano de no conformarse con la decadencia, de exigir más, y de vivir con la frente en alto.

No miremos atrás con resignación, miremos hacia adelante con esperanza y defendamos lo que somos, lo que podemos ser, para recuperar juntos la moralidad que hará grande a esta patria. 

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