Abelardo De La Espriella advierte que Colombia no saldrá del caos mientras quienes gobiernan prediquen una cosa y practiquen otra. “Cuando el ejemplo se corrompe en la cima, la impunidad se vuelve costumbre”.
Un país enfermo de impunidad
Durante su entrevista con Ricardo Galán, el precandidato fue tajante: Colombia vive bajo el mandato del mal ejemplo: “Aquí todo el mundo hace lo que quiere”, resumió.
La raíz del problema, según De La Espriella, no está solo en la falta de normas, sino en la ausencia de coherencia. “La palabra empuja y el ejemplo arrastra”, recordó al señalar que el ejemplo del presidente —aliado con mafias y grupos ilegales— se convierte en un modelo de impunidad que permea toda la sociedad.
De La Espriella reconoce que Colombia ha tenido gobiernos con virtudes y errores. Del expresidente Álvaro Uribe, dice que fue eficaz reprimiendo el crimen, pero que faltó justicia verdadera; de Juan Manuel Santos, que confundió la paz con impunidad.
Ambos reflejan, según él, la urgencia de un liderazgo que una la fuerza con la rectitud, la autoridad con el ejemplo.
Su visión de gobierno parte de un principio simple, pero poderoso: la autoridad moral precede a la autoridad política.
Un presidente que hable de justicia debe empezar por vivirla; solo así la palabra deja de ser consigna y se convierte en guía.
El ejemplo como política pública
Para el líder de Defensores de la Patria, la restauración del país exige que el líder encarne los valores que predica. Un Estado justo nace de un poder honesto, y la ética del gobernante se refleja en la conducta de los ciudadanos.
Por eso, su propuesta no se limita a reformar leyes, sino a recuperar la confianza en la justicia a través del ejemplo.
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