La Biblia como decálogo de acción para reconstruir el orden y la fe en Colombia

03 de febrero de 2026.

Para el líder de los Defensores de la Patria y candidato presidencial, Abelardo De La Espriella, la crisis que atraviesa la nación no se resuelve únicamente con decretos técnicos, sino con un retorno a los valores fundamentales que rigen la conducta humana. En un reciente encuentro con líderes espirituales, De La Espriella fue enfático al señalar que la Biblia es mucho más que un libro de consuelo; es un decálogo de lo que deben ser las cosas y una guía precisa de cómo debe actuarse y verse el mundo. Esta perspectiva sitúa la fe no como un asunto privado, sino como el cimiento de un liderazgo con propósito capaz de transformar la realidad nacional y rescatar a Colombia de lo que él denomina un régimen de oscuridad.

La visión de Abelardo se fundamenta en que el mundo sería un lugar mejor si se rigiera por los principios y valores cristianos. Bajo esta premisa, la reconstrucción de Colombia se plantea como un ejercicio de justicia y verdad, siendo esta última la puerta de entrada a todas las virtudes. El candidato sostiene que el próximo presidente de la República debe encarnar una combinación de virtudes bíblicas: la sabiduría de Salomón para decidir, la fuerza de David para enfrentar los desafíos y la integridad de Nehemías para edificar sobre las ruinas.

Este enfoque ético es el motor de la revolución de la abundancia, un concepto central de su narrativa que no busca la destrucción de lo existente, sino un ejercicio colectivo para perfeccionar lo que funciona y desechar lo que no sirve. Al aplicar este “decálogo” de acción, se pretende que Colombia vuelva a ser esa Patria milagro, una tierra bendecida por Dios con recursos inagotables —desde sus páramos hasta su campo generoso— donde el pan no se coma con escasez y nada falte a sus habitantes.

Nehemías como modelo de reconstrucción institucional

El paralelismo con la figura de Nehemías en el discurso de De La Espriella nos muestra cómo el profeta reconstruyó las murallas de Jerusalén contra todo pronóstico, el proyecto de los Defensores de la Patria busca levantar a Colombia de las cenizas en las que ha sido sumida por la inseguridad y la ruina económica. Se trata de un liderazgo decidido que entiende que los vacíos que dejan los justos en la política son rápidamente ocupados por aquellos que no tienen el temor de Dios ni el amor por la patria.

Este milagro de reconstrucción implica ordenar la casa para que, en el año 2030, se entregue un país con instituciones funcionales y bases sólidas. Para lograrlo, el candidato confía en la soberanía de Dios, afirmando que su presencia en la contienda responde a una decisión divina para liberar a la nación de sus “esclavitudes” modernas: el empoderamiento de los bandidos, la falta de salud y la pobreza extrema. Es, en esencia, un compromiso por estar firme por la patria en cada decisión que tome el Ejecutivo.

La defensa de los valores y el rol de los cristianos

Para Abelardo De La Espriella, el apoyo de la comunidad cristiana es un bálsamo para su espíritu y una garantía de honestidad en la administración de los recursos. Reconoce que allí donde el Estado ha fallado, las iglesias han llegado para proteger a los más vulnerables. Por ello, su plan de gobierno incluye reivindicar a este sector, dándoles el lugar que merecen en la construcción de una sociedad basada en la defensa de la familia tradicional y el respeto a la vida desde la concepción.

La batalla que propone no es solo política, sino cultural y espiritual. Esto incluye:

  • Regresar a Dios a las aulas: sacar la ideología de género de los salones de clase y fortalecer los valores fundacionales en la educación.
  • Seguridad y justicia: recuperar el orden para que los colombianos puedan, como decía el maestro Echandía, volver a “pescar de noche” con total tranquilidad.
  • Dignidad de las FF. MM.: devolverle el honor a las instituciones que protegen la soberanía nacional.
  • Protección a la mujer y la niñez: crear un entorno seguro donde la mujer sea respaldada por el Estado y los niños no sean víctimas del reclutamiento ni de las ideologías.

La confianza está puesta en que, al entregar el timón del barco a Dios, Colombia llegará a un puerto seguro. El milagro ya ha comenzado en el corazón de miles de ciudadanos que hoy se levantan como Nehemías para decir: “Colombia será grande otra vez”.

También te puede interesar: Colombia, Patria Milagro

Compartir en

WhatsApp

Déjanos tu correo para avisarte cuando abramos inscripciones