Por Álvaro Ramírez Gonzalez

Colombia no conocía una campaña con una dinámica tan arrolladora como la de Abelardo De La Espriella. Cuando nadie lo esperaba, aparecieron las redes inundadas de la campaña del Tigre que ruge y muerde. Una campaña que no recibirá un solo centavo para su financiación. Un candidato que va por un movimiento llamado Defensores de la Patria, avalado con firmas y no por un partido político. Un candidato que, entonces, no se hará acompañar de listas de Senado ni Cámara de Representantes. Una campaña que, a los 30 días de su salida a medios y redes, ya encabezaba todas las mediciones (que no encuestas). En la morronga y acartonada política colombiana, que se construye en almuerzos y cenas en clubes y hoteles, esta avalancha del Tigre produjo un aturdimiento colectivo en todas las campañas y en todos los candidatos. No entendían qué estaba pasando ni cómo un ilustre desconocido en la política era, en cuestión de horas, el líder en la opinión nacional. Eso nunca lo habíamos vivido.

Abelardo montó su campaña en los Estados Unidos, con muchas estrategias “gringas” que han resultado de una efectividad sorprendente. Nunca campaña alguna había vendido tantas camisetas, cachuchas, paraguas, vasos, tenis y mil chucherías más marcadas con los símbolos del Tigre. Una recolección de más de tres millones de firmas por batallones de voluntarios tampoco la conocía la política colombiana. El lanzamiento que acaba de hacer en el Movistar Arena, con la presencia de 16.000 personas dentro del recinto y 3.000 afuera, fue impresionante. Además, estuvieron conectados en redes 120.000 colombianos. Cosas de esas no conocía la política nacional.

Ahora la reacción de casi todos los candidatos es atacar al Tigre, buscarle defectos y llenar de energía negativa lo que sus campañas no han podido conseguir. Cualquiera que lea este texto dirá que yo milito en la campaña de El Tigre. Pues no es así. Soy un líder de opinión totalmente independiente. Hace pocos meses soy amigo de Abelardo porque me llamó y me tiene gratamente sorprendido esa campaña. Soy libre de amarradijos políticos, transmito y analizo lo que ocurre en la cancha. Pero, sin duda, muestro lo que me gusta. Y Abelardo me gusta.

He recibido en Pereira a la Cabal en varias ocasiones y con eventos muy numerosos. Tuve a Miguel Uribe en un nutrido y entusiasta evento en el Club del Comercio, un mes antes del atentado que acabó con su vida. Y voy a recibir a Abelardo próximamente en un recinto con 2.000 personas, con fecha sin confirmar aún.

La política la polarizó y la bestializó Petro. Hoy está completamente polarizada. Léase Uribe contra Petro. Veo a los aturdidos competidores del Tigre criticando su estilo fuerte y frentero, calificándolo de showman y payaso. Le han criticado hasta que canta. Esos acartonados candidatos capitalinos creen que hay que buscar la línea del centro y de la convivencia, y no se han dado cuenta de que esa “línea” ya la está vendiendo el camaleón de Roy Barreras. Ellos presentan como grotesco y hasta vulgar el parlamento del Tigre. Pero recuerden ustedes que Abelardo nunca estuvo en la política y no tiene ningún interés en ser “políticamente correcto”, que es lo que buscan sus acartonados y aturdidos competidores. Lo atacan todos, y lo harán más grande.

“Ladran, Sancho, señal que cabalgamos.” — Don Quijote de la Mancha

Sobremesa
Javier Milei tiene dos doctorados en Economía. Escribió siete libros de Economía. Hizo sus análisis económicos en foros gremiales y especializados. Pero no fue así como ganó las elecciones. Las ganó en la plaza pública gritándoles a los kirchneristas: “¡Chorros, hijos de puta! ¡Zurdos de mierda!”. No fue un candidato políticamente correcto, como reclaman algunos zalameros acartonados. Pero hoy es el presidente de la República Argentina. Y el país se recupera a pasos agigantados de su mano.

alragonz@yahoo.es

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