Los hechos recientes confirman lo que desde hace meses venimos denunciando con claridad y responsabilidad: el régimen de Gustavo Petro se prepara para sabotear las elecciones presidenciales de 2026 valiéndose del caos que ellos mismos han desatado en distintas regiones del país.
El Ministro de Defensa del tirano en ciernes, en un acto de absoluta temeridad institucional, afirmó públicamente que, a menos de un año de los comicios, solo el 76 % del territorio nacional tendría condiciones de seguridad para votar.
Pero, ¿qué sucede con el otro 24 %? Son millones de colombianos los que podrían quedar excluidos de ejercer su derecho a elegir, sometidos por las armas de los criminales con los que Petro ha pactado desde su llegada al poder.
Esta no es una advertencia ligera sino que se trata de una estrategia premeditada para generar caos y luego apelar a la figura de la conmoción interior, una herramienta constitucional que ya comenzaron a utilizar con la complacencia la Corte Constitucional, de mayoría petrista, como ocurrió en el Catatumbo.
Lo que sigue es el decreto, la imposición y, finalmente, la suspensión de las elecciones, todo avalado por quienes debieron ser los garantes de la democracia.
No se trata de una teoría sino de hechos concretos como, por ejemplo, el deterioro del orden público en zonas clave del país como el Catatumbo, los santanderes, Valle del Cauca, Cauca, Nariño, Chocó y La Guajira.
En esos territorios ya operan libremente grupos como el ELN, las Farc, sus disidencias y bandas criminales urbanas, muchas de las cuales han sido legitimadas o fortalecidas por las políticas de este gobierno.
La Defensoría del Pueblo ha emitido alertas tempranas sobre el deterioro de la seguridad, revelando que más de 7 millones de colombianos, que equivale a una tercera parte del censo electoral, están hoy bajo la amenaza directa de grupos armados ilegales.
Este mapa de violencia no es casual y es el mismo modelo del socialismo autoritario que ya conocemos de otros lados: crear el caos, justificar el autoritarismo, controlar el proceso electoral y perpetuarse en el poder.
Y lo más grave está por venir cuando el régimen active formalmente la figura de la conmoción; será la Corte Constitucional la encargada de “revisar” la decisión, la misma Corte que ya aprobó el experimento en el Catatumbo.
Es decir, el tirano legisla, ejecuta y se autoavala en un juego perverso de poder que no podemos permitir.
Por eso hoy, más que nunca, hacemos un llamado urgente y patriótico a todos los colombianos: el momento de actuar es ahora.
Debemos fortalecer y ampliar nuestro movimiento Defensores de la Patria porque solo un pueblo organizado, valiente y despierto podrá evitar que el desastre petrista destruya lo que queda de nuestra democracia.
No hay espacio para la pasividad y cada ciudadano que se sume a esta causa fortalece la resistencia democrática, cada voz que se alza impide el silencio cómplice, cada paso que damos juntos nos acerca a la victoria de la libertad sobre el totalitarismo.
Los Defensores de la Patria no bajaremos la guardia.
No permitiremos que nos roben el derecho a elegir, ni mucho menos permitiremos que un régimen aliado de criminales imponga la dictadura por la puerta de atrás.
La historia nos exige estar a la altura.
El momento es ahora y la Patria nos llama.