Martin Eduardo Botero
En menos de diez días, Abelardo de la Espriella ha recibido críticas de pesos pesados de la política nacional: el ministro de Justicia Eduardo Montealegre, y el expresidente Juan Manuel Santos, entre otros. Lo que parecería un frente unido de voces “respetables” en su contra, en realidad está generando el efecto contrario.
En comunicación política, esto se conoce como la paradoja del ataque: cuando varios actores del establecimiento se lanzan contra un candidato outsider, terminan reforzando el relato que lo sostiene. En lugar de debilitarlo, lo validan como alternativa real frente al sistema.
El resultado es visible: mientras arrecian los cuestionamientos, De la Espriella aparece primero en todas las encuestas. Su imagen de “amenaza al statu quo” se consolida con cada golpe que recibe. La opinión pública no lo interpreta como un debate ideológico o jurídico, sino como el miedo de las élites a perder privilegios.
Santos y Montealegre, símbolos de una política desgastada, terminan siendo —sin quererlo— los mejores publicistas del proyecto que intentan deslegitimar. Lo que debería ser un ataque, se convierte en un boomerang político que regresa con más fuerza hacia quien lo lanza.
De Meloni a De la Espriella: cuando los ataques se convierten en votos
En política existe una regla no escrita pero poderosa: no hay mejor campaña que la que hacen los adversarios cuando atacan sin medida. Eso fue lo que ocurrió en Italia en 2022 con Giorgia Meloni, y lo que está sucediendo hoy en Colombia con Abelardo de la Espriella.