Más allá de la política y de su aspiración presidencial, Abelardo De La Espriella abrió una ventana a su vida personal, marcada por golpes duros, disciplina familiar y un profundo acercamiento a Dios.
El líder de Defensores de la Patria aseguró que la vida, como el boxeo, no la gana el que más golpes da, sino el que más aguanta. “El éxito depende de las caídas que estés dispuesto a soportar, porque es directamente proporcional a tu capacidad de resistir la presión”, afirmó.
Uno de esos golpes fue la muerte de Beatriz, a quien consideraba una hermana. La pandemia del COVID-19 se la arrebató, dejando un vacío que De La Espriella describe como “la tristeza de un hombre feliz”.
Confesó que nunca había conocido lo que era la depresión hasta ese día, cuando ni siquiera tenía fuerzas para levantarse de la cama. Pero de ese dolor, asegura, nació un cambio trascendental: un acercamiento sincero a la espiritualidad. “Ese episodio me abrió la puerta de Dios y me ha hecho un mejor ser humano. Entendí que la inteligencia viene del hombre, pero la sabiduría viene de Dios”, relató.
Ese giro personal lo llevó a replantear muchas cosas. Reconoció que antes era un racionalista que no creía en lo que la razón no podía explicar, pero que hoy sabe que todo pasa por la voluntad divina.
“Cuando le entregué el control de mi vida a Dios, todo se hizo más sencillo, más tranquilo. Hoy quiero ser el Ciro de Colombia: así como aquel rey persa liberó a los judíos esclavizados, yo quiero liberar a mi pueblo de las cadenas de la corrupción y la violencia”, explicó.
En su hogar, De La Espriella se describe como un hombre ordenado, disciplinado y cariñoso. Confesó que es él quien impone las reglas con sus hijos, aunque con su hija menor, Francesca, le derrite. “Francesca me tiene loco. Como dice mi papá, ella es una niña afortunada porque tiene papá y abuelo en uno. Ya me cogió en la bacanería y le celebro todo”, admitió entre risas.
En lo más íntimo, De La Espriella dice ser un hombre de familia y de fe, con una mezcla de disciplina y calidez que lo define tanto en lo privado como en lo público. Un hombre marcado por el dolor, pero también fortalecido por él, que se declara listo para poner su experiencia personal al servicio de Colombia.
“No vine a la política a hacer plata ni a buscar favores, vine a hacer patria. Y mi vida, con sus golpes y aprendizajes, es la prueba de que se puede caer y levantarse más fuerte”, aseguró.
Con un discurso que combina lo íntimo con lo trascendental, Abelardo De La Espriella muestra que detrás del abogado y candidato hay un padre, un hijo y un creyente que se reconoce humano, pero que se declara dispuesto a ser instrumento de transformación.