Desde niño, Abelardo De La Espriella supo que un día tendría que salvar a Colombia

El líder natural de Defensores de la Patria revela que su incursión en la política no fue una ambición personal, sino el cumplimiento de un designio divino que lo llevó a asumir la misión de reconstruir la nación.

“Desde que era un niño sabía que esto iba a pasar un día”, confesó Abelardo De La Espriella al recordar cómo desde pequeño sintió en su interior que su destino estaba ligado a servir y defender a Colombia.

Aunque trató de evitar ese camino durante años —porque la política tradicional le resultaba “detestable” por su mecánica burocrática y falta de propósito—, siempre estuvo movido por una misma pasión: ayudar a la gente, resolver sus problemas y actuar con decisión y carácter.

“Me gusta el contacto con la gente, hacer lo que hay que hacer, sin duda, con determinación y ardentía”, afirmó.

Una misión que viene de lo alto

En su relato, Abelardo narra cómo, buscando claridad, viajó a Italia para pedirle a Dios lo mismo que pidió el rey Salomón: discernimiento, fortaleza y sabiduría. Pero el silencio divino pronto se transformó en señales inequívocas.

“El gerente general del universo —como él llama a Dios— me fue tirando líneas y no me dejó otra opción distinta que cumplir su voluntad. Creo que esto es un designio divino y estoy aquí por eso”.

Hoy, ese niño que mordió al miedo en lugar de dejarse amedrentar se ha convertido en un hombre dispuesto a restaurar el orden, la justicia y la esperanza de toda una nación.

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