Los ataques desesperados contra el precandidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, Abelardo De La Espriella, se fundamentan en un intento de confundir al pueblo al manipular el ejercicio legal del derecho a la defensa.
De La Espriella denuncia que sus detractores han intentado “deslegitimar” su trabajo como abogado, presentando la defensa judicial como una “labor indigna e ilegal” para quien aspira a la Presidencia.
El precandidato rechaza esta campaña de desprestigio y recalca que la “defensa es un derecho sagrado”, equiparando la labor del abogado con la del médico: “El abogado no es igual que su cliente, así como el médico no pudiera negarse a atenderse a un paciente por lo que ese paciente hubiese hecho”.
El abogado defensor como pilar de la democracia
Para contrarrestar el ataque, el precandidato presidencial recurre a ejemplos históricos que demuestran la honorabilidad de la defensa, incluso en casos impopulares.
Cita a John Adams, el segundo presidente de EE. UU., quien era ante todo abogado defensor y aceptó representar a los soldados británicos acusados de la Masacre de Boston, demostrando que “la justicia debía estar por encima de la emoción o la política”.
Recuerda a Gaitán, abogado penalista y seguro presidente de Colombia, que fue asesinado tras terminar un juicio por homicidio.
De La Espriella afirma que su ejercicio profesional le ha permitido pelear “por inocentes y por la justicia, sin mirar colores ni ideologías”, y que sus acusadores “han menospreciado a los ciudadanos” al creer que el pueblo es tonto y no entiende que la defensa es un derecho.
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La respuesta a las calumnias y el acoso
La campaña de desprestigio se ha intensificado a medida que los “números suben en las encuestas”. Los ataques han incluido el cuestionamiento de su ética, reviviendo casos que ya habían sido fallados “por la justicia a su favor” (incluyendo su defensa de Alex Saab); el uso de “videos editados, descontextualizados con testimonios desmentidos por los propios protagonistas”, y acusaciones sin pruebas de pagar “bodegas”, un mecanismo en el que no cree, pues su apoyo en redes es “real, es orgánico”.
El precandidato presidencial emplazó a sus detractores a presentar pruebas de sus acusaciones, prometiendo que si lo hacían, “se retiraría de la campaña”. La respuesta de los calumniadores fue el “silencio”.
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