Febrero 20, 2026. 11:40 a.m. El candidato presidencial Abelardo De La Espriella, líder de Defensores de la Patria, propone un modelo de gobierno basado en el diálogo directo con las comunidades para identificar y solucionar las necesidades que la burocracia ignora.
En la política tradicional, los diagnósticos suelen elaborarse desde escritorios alejados de la realidad, con base en informes fríos y estadísticas que nunca capturan el sufrimiento cotidiano de la gente.
Frente a esta desconexión estructural, el líder del movimiento Defensores de la Patria plantea una alternativa radicalmente distinta: construir soluciones a partir del contacto directo con quienes viven los problemas en el territorio.
“Vamos a construir entre nosotros las soluciones a los problemas de la localidad, que los conoces tú más que nadie“, señaló De La Espriella durante un encuentro con líderes comunitarios, reconociendo el valor insustituible de quienes día a día caminan las veredas, escuchan las quejas y son testigos de las necesidades más urgentes. Para él, no se trata de llegar con recetas prefabricadas, sino de abrir los oídos y el corazón a la sabiduría popular.
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El territorio habla: escuchar para transformar
La propuesta de De La Espriella parte de una convicción profunda: los problemas invisibles para el Estado solo pueden ser resueltos si se les da voz a quienes los padecen. “Porque fíjate, esas dos veredas solamente a través tuyo se puede uno enterar de eso“, le dijo a una periodista y líder social, reconociendo que la movilidad, la seguridad y el desplazamiento en sectores como Cativá o Engativá permanecen ocultos para quienes gobiernan desde la distancia.
Su método es sencillo, pero poderoso: identificar a los verdaderos conocedores del territorio, periodistas locales, líderes sociales, madres comunitarias, pequeños comerciantes y construir con ellos, codo a codo, las soluciones que la comunidad necesita. No se trata de imponer, sino de articular, de sumar conocimiento local con capacidad de gestión.
“Yo donde pueda ayudar a la gente, ahí estoy. Mi principal objetivo es ayudar a todos mis compatriotas sin distingos de raza, condición, partido o creencia”, afirmó, dejando claro que su motivación trasciende cualquier cálculo electoral. Para él, la política entendida como servicio es la única forma digna de ejercer liderazgo.
Esta visión se traduce en propuestas concretas. Durante la conversación, De La Espriella compartió una idea innovadora para llevar un centro de salud a Múcura, una comunidad olvidada: convocar a un empresario de Cundinamarca para que construya el hospital, ofreciendo a cambio beneficios tributarios y prelación en contratación estatal. “Hágame ese favor y le rebajo los impuestos”, plantea con la frescura de quien viene del sector privado y entiende que los incentivos bien diseñados pueden movilizar recursos hacia el bien común.
Su experiencia empresarial, precisamente, es uno de los activos que ofrece al servicio del país. Con una crítica directa a la clase política tradicional, señala que mientras en el sector privado la incompetencia se paga con el fracaso, en el público un mediocre puede llegar a ocupar las más altas dignidades, como ejemplifica con su contundente referencia al actual presidente. Por el contrario, quien ha triunfado en el mundo empresarial lo ha hecho porque realmente sabe cómo lograr resultados.
“Yo quiero poner toda esa experiencia, toda esa inventiva al servicio de lo público, porque la empresa más importante de un país es el Estado y se está manejando mal“, enfatiza. Su diagnóstico es claro: un Estado sobredimensionado, entrometido e ineficiente que necesita adelgazar su estructura burocrática, reducir el gasto superfluo y concentrarse en lo esencial: garantizar seguridad, justicia y oportunidades para todos.
Para De La Espriella, la desconexión entre el gobierno y la gente no es accidental, sino consecuencia de una visión elitista que desprecia el conocimiento popular. “Mira, ¿cuánta gente sabe lo que sabes tú sobre Múcura? ¿Qué está pasando allá?”, pregunta retóricamente, evidenciando que las verdaderas soluciones surgen del diálogo horizontal, no de los diagnósticos impuestos desde arriba.
Su estilo directo, caribeño y sin pretensiones, contrasta con la solemnidad vacía de tantos políticos. “Los caribes somos de lavar y planchar”, dice, dejando claro que su compromiso no es con las apariencias, sino con los resultados. Y esos resultados solo se logran estando cerca de la gente, escuchando sus angustias y celebrando sus esperanzas.
En un país donde la brecha entre las instituciones y la ciudadanía parece ensancharse cada día, la propuesta de Abelardo De La Espriella representa una bocanada de aire fresco. Gobernar desde el territorio, con los pies en la tierra y los oídos atentos a quienes más sufren, no es solo una estrategia política: es un imperativo ético.
La Colombia que sueña con un gobierno cercano, eficiente y profundamente humano, tiene una cita con la historia. Únete a Defensores de la Patria y sé parte del cambio verdadero. Porque cuando la patria llama, es momento de estar Firmes por la Patria.