En tiempos donde la política se volvió un mercado de conveniencias, donde los principios se cambian por puestos y las ideologías por contratos, Abelardo De La Espriella traza una línea clara: con los patriotas, sí; con los destructores de Colombia, jamás.
Mientras otros hacen equilibrios para quedar bien con todos, Abelardo habla sin miedo y sin cálculo. No negocia con la hipocresía ni disfraza sus afinidades con discursos ambiguos. Sabe perfectamente quiénes representan los valores que él defiende —la autoridad, la decencia, la libertad y el amor por la patria— y quiénes simbolizan la ruina moral y política de la Nación.
“Con Vicky, cien veces; con Claudia López, ni a la esquina”, ha dicho sin rodeos. Porque él respeta el valor y la inteligencia de quienes no le temen al poder, pero no comulga con quienes han hecho de la arrogancia y la incompetencia una forma de gobierno. De igual forma, no duda en afirmar: “María Fernanda, dos mil veces; Pizarro, ni a la esquina”. En su visión, los que han dedicado su vida a destruir el orden y a defender lo indefendible no merecen ni un saludo de cortesía.
Su lenguaje puede incomodar, pero su claridad reconforta a un país cansado de politiqueros. Para De La Espriella, líder de Defensores de la Patria, la política no es un carnaval de sonrisas falsas, sino un terreno de batalla moral. Y en ese campo, la lealtad y el honor son más importantes que las encuestas o los aplausos mediáticos.
No es un secreto que siente un profundo respeto y admiración por Álvaro Uribe Vélez, a quien considera su gran referente político: “El Messi de la política, el más grande de todos los tiempos”. De Uribe valora su sabiduría, su ejemplo y su coraje. Para Abelardo, el uribismo no es una etiqueta: es una escuela de carácter y resultados. Por eso lo dice sin titubear: “Soy más uribista que doña Lina, Tomás y Jerónimo”.
Del expresidente Iván Duque habla con respeto, aunque con distancia. Lo reconoce como un hombre honesto y decente, pero lo considera víctima de la deslealtad hacia quien lo llevó al poder. Su diagnóstico es claro: Duque se equivocó al alejarse de Uribe, y el país lo pagó caro.
En el panorama actual, Abelardo distingue con precisión a los que considera aliados en la reconstrucción nacional. Aplaude la valentía y determinación de María Fernanda Cabal, “una patriota aguerrida” que no teme decir la verdad. Valora la inteligencia y la integridad de Vicky Dávila, a quien define como “una mujer valiente, que tiene algo especial que los demás periodistas no tienen”. Destaca a Paloma Valencia, Paola Holguín y Andrés Guerra, a quienes considera voces valiosas dentro de un país que necesita carácter.
Pero su mirada no se limita a la derecha. Abelardo entiende que el rescate de Colombia exige sumar fuerzas de todos los que creen en la democracia, el orden y la libertad. Por eso no le tiembla la voz al decir que está dispuesto a hablar con todo el que no sea Petro ni huela a Petro. El enemigo es el desgobierno, la corrupción y la ideología que divide y destruye.
Así, De La Espriella extiende la mano a quienes considera decentes y probos: Sergio Fajardo, Enrique Peñalosa, Germán Vargas Lleras, David Luna, Juan Manuel Galán y Juan Daniel Oviedo. Los respeta como hombres correctos, con los que se puede discutir, disentir y construir. A Peñalosa lo llama “el mejor alcalde que ha tenido Bogotá”. De Fajardo dice que es “un gran señor, honesto y decente, aunque le falta voltaje”. A Luna y Oviedo los reconoce como “buenos tipos, hombres correctos”.
Su apuesta es por la unión de los patriotas y demócratas, sin importar etiquetas partidistas. Quiere reunir a todos los que defienden la institucionalidad, la libertad y la patria. “Si a mí me va mejor que a los candidatos del Centro Democrático, los espero en mi movimiento; si a ellos les va mejor, me sumo sin problema. Esto no es de egos, es de país”.
Colombia necesita saber quién está dispuesto a defenderla y quién prefiere pactar con sus enemigos. Súmate al Ejército de Defensores de la Patria y ayúdanos a reconstruir este país.