En uno de los pasajes más enfáticos de su intervención en #EnOffPodcast, Abelardo De La Espriella trazó con claridad la línea de lo que sería su política de seguridad. “Conmigo la gente decente tiene que sentir protección, tranquilidad, y los bandidos pánico y terror. No los voy a dejar dormir”, aseguró, en un mensaje que conecta con el clamor ciudadano por recuperar la autoridad en las calles.
La declaración surge en un contexto donde la inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de los colombianos. Según la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana (ECSC), en 2022 el 52,9 % de los encuestados por el DANE manifestó sentirse inseguro en su ciudad o municipio y delitos como el hurto, la extorsión y el microtráfico crecen incluso en zonas que antes eran consideradas tranquilas. Frente a este panorama, De La Espriella plantea una política de “mano de hierro” que combine respaldo total a la Fuerza Pública y sanciones ejemplares a quienes atenten contra la sociedad.
En su intervención, recordó que los criminales que no se sometan serán dados de baja, y quienes lo hagan enfrentarán cárceles de máxima seguridad, similares a las que ha implementado El Salvador, para impedir que las prisiones sigan convertidas en “universidades del crimen”.
El precandidato fue más allá al advertir que asumirá personalmente la responsabilidad de las operaciones contra estructuras criminales: “Todos los bandidos a los que les dé de baja la Fuerza Pública, me los apuntan a mí en una lista. Yo respondo por esos muertos”, dijo sin titubeos.
Pero el mensaje no fue solo de dureza. También subrayó el contraste entre la protección que sentirán los ciudadanos de bien y el temor que experimentarán los delincuentes. En su visión, el éxito de un gobierno se mide en la tranquilidad de las familias que pueden salir a trabajar, estudiar o recrearse sin miedo, y en la certeza de que el Estado no será cómplice de la criminalidad, sino su enemigo frontal.
El planteamiento conecta con una tradición de firmeza que De La Espriella no oculta. Admirador de la política de seguridad democrática que devolvió la confianza al país a inicios de los 2000, insiste en que la autoridad debe ejercerse sin ambigüedades. “Esto se hace con mano de hierro, determinación y coraje”, recalcó.
Así mismo aseguró que no tiene cálculo político distinto a derrotar la criminalidad. Para De La Espriella, la ecuación es sencilla: protección para la gente decente, miedo para los delincuentes. Su apuesta busca restaurar un orden donde la legalidad no sea una opción, sino la regla.
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