15 de marzo 2026
Hay promesas de campaña que hablan de grandes reformas y hay promesas que hablan de un corregimiento con nombre propio. Ante una multitud desbordada en el Tolima, Abelardo De La Espriella, candidato presidencial, eligió lo segundo: “Voy a invertir en la fase uno del alcantarillado del corregimiento de Chicoral”. Sin adornos, sin rodeos. Un compromiso con dirección exacta.
Lo mínimo que se merece un pueblo
De La Espriella nombró ese compromiso con Chicoral como parte de lo que él llama la “revolución de las cosas pequeñas”, la convicción de que gobernar bien empieza por garantizar lo básico que el Estado colombiano le ha negado durante décadas a miles de comunidades rurales y municipios intermedios. “Hay que llevarle a la gente alcantarillado, agua potable, seguridad, educación y salud. Es lo mínimo que se merece el pueblo colombiano”.
La frase no es retórica. Es la síntesis de una filosofía de gobierno que parte de los derechos fundamentales y no de los grandes relatos. Un Estado que funciona de verdad no se mide por la ambición de sus reformas estructurales sino por su capacidad de garantizar que cada colombiano, en cada rincón del país, tenga acceso a los servicios más básicos. En el Tolima, ese punto de partida se llama alcantarillado en Chicoral y ampliación de la vía del aeropuerto Santiago Villa.
Compromisos con coordenadas
Además de Chicoral, De La Espriella anunció ante la multitud tolimense la ampliación de la vía del aeropuerto Santiago Villa en 2,3 kilómetros, una obra de conectividad que el departamento lleva años esperando. Y abordó el que identificó como otro gran problema del Tolima: el empleo y la informalidad, con especial impacto sobre mujeres y jóvenes. Su solución propuesta es concreta: formación técnica dual ligada a empresas regionales para conectar directamente la capacitación con la inserción en el mercado laboral.
La brecha de saneamiento básico en Colombia rural
Según Radio Nacional citando datos del DANE, al menos 5,8 millones de colombianos carecen del servicio de alcantarillado sanitario en sus hogares. La brecha entre zonas urbanas y rurales es abismal: mientras el 91,9 % de la población urbana tiene cobertura de alcantarillado, en las zonas rurales esa cifra apenas llega al 76 %, y en departamentos como Vichada, Guainía y Chocó la cobertura rural no supera el 20 %. Solo el 9,7 % de los municipios provee agua apta para consumo humano en zonas rurales, frente al 56 % en áreas urbanas.
Para De La Espriella, esa brecha no es un accidente del desarrollo: es el resultado de décadas de gobiernos que prefieren las grandes obras visibles a la infraestructura básica invisible. La revolución de las cosas pequeñas, en su visión, es precisamente la corrección de esa prioridad invertida.
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