Diciembre 29, 2025. 09:30 a.m. La trayectoria de un hombre no se define únicamente por sus éxitos profesionales o sus aspiraciones públicas; se forja en la esencia misma de su origen y en las batallas que, incluso antes de tener conciencia, la vida le obligó a librar. Para Abelardo De La Espriella, candidato presidencial y líder de Defensores de la Patria, su historia no comenzó en los tribunales ni en los estudios de grabación, sino en una lucha tenaz por la existencia que se remonta al vientre de su madre. Su carácter, a menudo descrito como inquebrantable, parece ser el resultado de un destino que lo puso a prueba desde el primer aliento.
Antes de su llegada al mundo, el entorno familiar ya conocía el peso de la pérdida. Su madre había enfrentado el dolor de cuatro pérdidas previas, lo que convertía su embarazo en un evento cargado de esperanza, pero también de una fragilidad extrema. No obstante, la prueba definitiva llegaría cuando ella se encontraba en su octavo mes de gestación. En una Semana Santa, mientras la familia se desplazaba hacia una finca en La Mojana, Sucre, un accidente fluvial estuvo a punto de cambiar el curso de la historia. Al zarpar del puerto de San Marcos con exceso de peso, la lancha en la que viajaban naufragó en medio de la ciénaga.
En aquel instante crítico, sumergida bajo el agua, la madre de Abelardo luchaba por su vida y la de su hijo aún no nacido. Fue la intervención heroica de su padre la que evitó la tragedia; tras rescatarlos de las profundidades del río, el progenitor casi pierde la vida en el esfuerzo. Aquel episodio fue tan determinante que el nombre originalmente pensado para él fue Moisés, en referencia directa a quien es salvado de las aguas. Sin embargo, finalmente prevaleció la tradición de llevar el nombre de su padre, marcando así el inicio de una vida que, desde su génesis, estuvo marcada por la supervivencia y la resiliencia.
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El peso del legado y la conquista de la identidad propia
Este origen turbulento y milagroso explica, en gran medida, la determinación que Abelardo De La Espriella imprime en cada una de sus acciones como líder de Defensores de la Patria. Para el candidato, la vida es una concesión que debe honrarse con firmeza y coherencia. No obstante, esa misma historia lo llevó a reflexionar profundamente sobre la libertad individual y el peso de las tradiciones familiares. Aunque su nombre lo vincula a una estirpe de varones que durante generaciones repitieron el apelativo ‘Abelardo’, él decidió romper con esa inercia al nombrar a sus propios hijos.
“Yo creo que uno condiciona a los hijos con el nombre de uno. A mí me parece que hay que liberarlos de esa vaina y que ellos tengan su propio universo, su propia manera de ver el mundo”. Esta declaración refleja una faceta fundamental de su pensamiento político y personal: la importancia de la autonomía. Al bautizar a sus hijos como Salvador y Filipo, De La Espriella no solo cortó con una “tradición espeluznante” de repetición nominal, sino que envió un mensaje sobre la necesidad de que cada individuo forje su propio camino, libre de las ataduras del pasado.
Como candidato presidencial, Abelardo traslada esta filosofía de vida al ámbito público. Su visión de país no se basa en la repetición de viejas fórmulas que han fallado, sino en la protección de la libertad y la defensa de la vida como valores supremos. La experiencia de haber “vencido a la muerte” antes de nacer le otorga una perspectiva única sobre la fragilidad de la nación y la urgencia de defenderla con el mismo fervor con el que su familia luchó por él en aquella ciénaga de Sucre. Su liderazgo en Defensores de la Patria es, en esencia, una extensión de esa identidad de guerrero que no se rinde ante la adversidad.
En un tono serio y reflexivo, De La Espriella entiende que la política, al igual que su propio nacimiento, es una “justa democrática, espiritual y moral”. No se trata sólo de administrar un Estado, sino de proteger el alma de una sociedad que, como él en el vientre materno, a menudo se encuentra sumergida en crisis profundas y necesita ser rescatada. Su compromiso con Colombia nace de una gratitud existencial y de la convicción de que el orden y la autoridad son las herramientas necesarias para garantizar que cada ciudadano pueda desarrollar su propio universo en paz.
La historia del niño que casi no nace, del joven que rompió tradiciones para liberar a su descendencia y del hombre que hoy aspira a la presidencia, es la narrativa de un luchador que conoce el valor del tiempo y de la palabra empeñada. En el movimiento de Defensores de la Patria, esa trayectoria vital se convierte en la garantía de una gestión que no se pliega ante las dificultades, sino que las enfrenta con la misma determinación con la que se conquista el derecho a existir.
Únete al movimiento que defiende la vida, la libertad y la dignidad de cada colombiano. Súmate a Defensores de la Patria y caminemos juntos hacia el futuro que nuestra nación merece.
¡Firme por la Patria!