En el escenario público, Abelardo De La Espriella aparece como un hombre recio, directo y sin miedo a la confrontación. Pero detrás del líder combativo hay un ser humano que encuentra su mayor fortaleza en lo simple.
Y en tiempos en los que la política suele estar asociada al cálculo frío, Abelardo De La Espriella rompe el molde cuando habla de lo que realmente lo mueve: la simplicidad de la vida. No son los lujos ni las excentricidades las que lo definen, sino como él mismo dice, “las pequeñas grandes cosas”.
Cuando le preguntaron qué le toca el alma, no dudó en responder: “Mis hijos, mi mujer, mis amigos”. Y a esa lista añadió escenas cotidianas que retratan su humanidad: una sopa caliente, una buena pasta con tomate, la sonrisa de sus hijos, un beso de su esposa o una tarde de dominó bajo un palo de mango en el Caribe colombiano.
De La Espriella insiste en que no hay contradicción entre liderar con carácter y disfrutar de lo sencillo. Por eso, ironiza con quienes lo acusan de “excéntrico”: “Me puedo estar tomando una costeñita jugando dominó bajo un palo de mango, y a eso es lo que llaman mis odiadores mis excentricidades”. Para él, esa es la verdadera riqueza, la vida bucólica, la finca, el contacto con la naturaleza, los animales y la gente auténtica.
El líder de Defensores de la Patria lo resume en una filosofía clara; rodearse de personas a quienes “les brillen los ojos” al verte. Esa autenticidad es, dice, lo que le recarga el espíritu y lo impulsa a dar las batallas públicas que hoy libra.
El contraste es evidente, el hombre que promete mano de hierro contra la criminalidad es el mismo que se derrite con la sonrisa de su hija menor. El abogado de verbo encendido es, en lo íntimo, un padre y esposo que defiende con pasión la grandeza de lo sencillo.
En medio de la polarización y la política de los discursos rimbombantes, De La Espriella reivindica lo esencial: la familia, la amistad, la naturaleza y la sencillez. Porque al final como él mismo afirma, “las pequeñas cosas son las grandes cosas de la existencia”.
Y quizá allí está la clave de su liderazgo, en demostrar que se puede ser firme en lo público y sensible en lo privado. Que las batallas políticas cobran sentido solo cuando están al servicio de las cosas que verdaderamente tocan el alma.